Modulación y panelado en 15mm
A la hora de pintar nuestros vehículos podemos aplicar directamente el color en cuestión, por ejemplo, verde oliva para un tanque Sherman, y a continuación pintar los detalles sin más. Sin embargo, esta opción no aprovecha el trabajo que podemos sacarle a este color base mediante una sencilla modulación o panelado, técnicas ambas que nos permitirán obtener una gran vistosidad en nuestros vehículos con poco esfuerzo y que intentaré explicar a continuación. Es importante recordar que estás técnicas, como tantas otras comentadas en este blog, están ideadas para trabajar piezas de escalas muy superiores, y por tanto, los resultados pueden estar un poco limitados. No obstante, la forma de aplicarlas, es idéntica.
La modulación, bastante de moda actualmente, consiste en la aplicación de las luces y sombras considerando varios puntos de luz aleatorios, en lugar de considerar uno único, llegando a pecar falta de realismo. Es decir, cada parte de nuestro vehículo tendrá sus propias luces y sombras, orientadas de forma única, con lo que destacarán fácilmente respecto del resto. El hándicap de esta técnica radica en el sacrificio de realismo en pro de un mayor contraste o vistosidad, por lo que recaerá en cada uno la decisión de utilizarla o no. En mi opinión, considero que dado el reducido tamaño de estas miniaturas, aunque se pierda un poco de realismo, conseguiremos que destaquen mucho más sobre el campo de batalla, puesto que esas luces o sombras irreales llamarán más la atención del espectador.

La aplicación de la modulación es bastante sencilla y radica simplemente en ir iluminando la parte del vehículo que nos interese creando un gradiente desde el color base, o uno más oscuro, hasta el color más claro destacando en una de las aristas. Realmente es lo que habitualmente se hace, pero en el caso de esta técnica, iremos repitiendo el mismo proceso en cada panel pero cambiando la dirección de la que procede la fuente de luz. Ojo, no significa que tengamos que pintar todos y cada uno de los paneles o partes del vehículo con su propia fuente de luz, eso ya dependerá de cada cual. En mi caso, suelo conformarme con cambiarla solo en los paneles que más destacan –normalmente los más grandes–, donde de hecho normalmente invierto la luz lógica (es decir, aplico la luz donde realmente debería ir la sombra). De nuevo, no tenemos porque poner las luces y sombras invertidas en todos los paneles. Lo divertido de esta técnica es ir combinando distintas opciones.
Para pintar cómodamente cada panel es recomendable agenciarse de unas herramientas fundamentales y muy básicas: unas tijeras y un pedazo de papel, con el que crearemos máscaras o iremos enmascarando el vehículo para poder pintar de forma individual cada parte. Si no enmascaramos, cuando apliquemos las luces o las sombras, no podremos discriminar entre paneles y por ello perderemos la posibilidad de alcanzar el objetivo de esta técnica, que es diferenciarlos. En lugar de papel se podrían usar cintas específicas para enmascarar o incluso blue-tack, sin embargo estos materiales tienen otros fines y utilizar un papel sigue siendo la opción más rápida, barata y cómoda.
EJEMPLO, Sherman: prepararemos un trozo de papel donde recortaremos el hueco del mantelete del cañón, lo que nos permitirá pintarlo de forma individual respecto al resto de la torreta. Por otro lado, con el plano del papel podemos tapar distintas partes para evitar pasarnos. Por ejemplo, si queremos aplicar luces graduales y hacia arriba en los laterales del chasis del tanque, pero queremos que la parte superior (la que sujeta la torreta) se mantenga en un tono mucho más oscuro, entonces utilizaremos un papel como máscara para tapar la parte superior mientras aplicamos las luces en los laterales.

En definitiva, la idea es utilizar estos papeles para ayudarnos a pintar cada panel sin correr el riesgo de pasarnos y manchar otro, lo cual nos asegura que cada panel quedará claramente definido. Lo ideal es practicar un poco con los papeles, tijeras y el aerógrafo. Una vez tengamos medianamente dominado el tema del enmascaramiento, solo nos resta jugar con el aerógrafo para ir aplicando las luces de cada panel, teniendo en cuenta que podemos usar todos los focos de luz que queramos y en la dirección que deseemos. La opción más sencilla es partir del color base e ir subiendo poco a poco las luces añadiendo blanco o el color que queramos. Si queremos ganar aún más contraste podemos trabajar un poco más, y además de luces, aplicar sombras. La idea es exactamente la misma, solo que en cada panel las sombras las aplicaremos – obviamente – en el lado opuesto a las luces. Es importante tener delicadeza cuando desarrollemos este trabajo ya que si nos pasamos o confundimos la reparación va a ser complicada (aunque no imposible).
Por otro lado, destaca también el panelado, consistente en resaltar los perfiles con un color más oscuro. Es decir, es como si aplicásemos una sombra alrededor de la pieza para resaltar cada panel o trampilla. Para recrearlo seguiremos las mismas pautas ya explicadas, ayudándonos de un trozo de papel para enmascarar el resto del vehículo mientras pintamos el perfil de cada panel. Aunque dota al vehículo de más realismo que la modulación, en mi opinión, no es tan vistoso (aunque no deja de serlo comparado con la simpleza de aplicar solo el color base).
El ejército Tlaxcalteca

Durante el siglo XVI, frente al poder expansionista de la triple alianza (Tenochtitlán, Tacuba y Texcoco) se oponía un grupo de pueblos del valle de Puebla-Tlaxcala (Tlaxcala, Atlixco, Cholula, Tliliuhquitepec y Huexotzingo). Aún sin ser conquistados, vivían en un asedio constante rodeados completamente por tierras tributarias a Tenochtitlán. Metafóricamente, habitaban una isla rodeada por un mar de macanas y dardos méxicas. Por ello iban alimentando paulatinamente, pero sin pausa, un intenso odio contra los asediantes, el cual encontró rápidamente una vía de escape con la llegada de Cortés, con quién no dudan en aliarse. El estado o pueblo más importante era el de Tlaxcala (“pan cocido”), formado por una liga de 28 ciudades gobernadas desde cuatro capitales (Ocotelolco, Quiahuiztlan, Tepeticpac y Tizatlan), o barrios según Gómara, cada una dirigida por un tlatoani, pero la más importante era la primera, gobernada por Maxixcatzin. La existencia de esta “isla enemiga” en el interior del imperio mexica tiene lógica dentro de la cosmovisión mexicana. Para que los engranajes de su religión y sociedad abierta funcionaran, y los plebeyos pudieran ascender en la jerarquía social, se requería la sangre de enemigos capturados. Y el cada vez más grande imperio tenochteca tenía que desplazarse a mayores distancias para encontrar tierras enemigas donde obtener prisioneros, lo cual además no aseguraba una victoria, ya que por ejemplo los tarascos derrotaron repetidas veces a los mexicas (probablemente más debido a su número y capacidad combativa, que a sus legendarias armas de cobre). Por ello, tener este “criadero” dentro de su imperio les aseguraba una vía sencilla para obtener sus ansiados prisioneros en las llamadas guerras floridas.

A pesar de ser férreos enemigos de los dueños del valle de México compartían una cultura prácticamente idéntica, incluida la organización militar. Aún privados de muchos recursos debido al bloqueo comercial (por ejemplo, carecían de algodón), contaban con un poderoso ejército rival de las hordas mexicanas. En la segunda década del siglo XVI, cuando Moctezuma II decide conquistar de una vez por todas Tlaxcala, sufre un tremendo descalabro al perder su ejército a manos de los acérrimos tlaxcaltecas. La llegada de los españoles impide que los mexicas continúen su guerra de conquista y pasan a desarrollar otro tipo de guerra que les era bastante desconocida, una guerra defensiva. Y este cambio de roles supuso otra permuta, ahora los tlaxcaltecas iniciaban su ansiada y esperada ofensiva. El intenso odio acumulado por los tlaxcaltecas podría explicar las matanzas tan criticadas a los españoles en Cholula y el Templo Mayor durante la fiesta de Toxcatl, quienes habrían incitado a los españoles a desencadenar tales masacres con algunas mentiras. No obstante, siendo justos, aquellos españoles de origen humilde y deseosos de hacerse un nombre a base de oro, tampoco habrían necesitado un empujón demasiado fuerte. Francisco López de Gómara, tras su encuentro contra Cortés en 1519, los describe así:
Era gente muy luzida, y bien armada, fegun ellos vfan. Aun que venían pintados cobixa y xagua, que miradolos al gefto parecían demonios. Trayan grandes penachos, y capeauan a marauilla. Trayan hondas, varas, lanças, efpadas, que aca llaman bifarmas, arcos y flechas fin yeruas. Trayan afsi mifmo cafcos, braçaletes, y greuas de madera, mas doradas, o cubiertas de pluma o cuero. Las coraças eran de algodón. Las rodelas y broqueles muy galanos, y no mal fuertes. Ca eran de rezio palo, y cuero, y con laton y pluma. Las efpadas de palo, y pedernal engaftado en el, que cortan bien, y hacen mala herida. El campo eftaua repartido por fus efquadrones, con cada muchas bozinas, caracoles, y atabales, que cierto era bien de mirar. Y nunca Efpañoles vieron junto mejor ni mayor exercito en Indias, defpues q las defcubrieron (Gómara, 1554. pp 75-76).

La jefatura del ejército recaía sobre un destacado capitán bajo las órdenes de uno de los cuatro dirigentes de las capitales tlaxcaltecas, además de otros tantos capitanes menores. En cualquier caso, existía cierta libertad de acción en las demás ciudades y esto explica por qué en el primer contacto con los españoles se presentó un ejército Otomi de la ciudad de Tecoac sin conocimiento de los máximos dirigentes. Por otro lado, el comandante en jefe era al mismo tiempo el portador del pendón y se situaba en la retaguardia del ejército. Cuando acaba la batalla clavaba el pendón en un lugar visible y aquel que no mostrase respeto era castigado. Además, existía cierta ceremonia a la hora de combatir:
Tienen dos faetas, como reliquias de los primeros fundadores, que lleuan a la guerra dos principales capitanes, valientes foldados. En las quales aqueran la vitoria, o la perdida. Ca tiran vna dellas a los enemigos q primero topan. Si mata, o fiere, es feñal que vencerán, y fino que perderan. Afsilo dezian ellos, y por ninguna manera dexan de cobrarla (Gómara, 1554. pp 87-88).
Según Bernal Díaz del Castillo existía cierta uniformidad, encontrando incluso unidades exclusivas de lanceros o arqueros, con distintivos particulares según la partida de guerra. Por ejemplo en la batalla de Tehuacingo (1519) el rojo y blanco eran los colores dominantes. Es más, cada compañía, jefe e incluso región podría contar con su propia librea:
(…) y cada capitania con su divisa y librea, porque cada Cagique ansi las tenían diferenciadas como En nra castilla tienen los duques e condes (…) (Diaz del Castillo, 2010).

El uniforme normalmente estaba hecho de fibra de maguey (henequen) con un relleno vegetal confiriéndole un aspecto acolchado y en menor medida de algodón conseguido por estraperlo (no había algodón en sus tierras y los mexicas les tenían impuesto un bloqueo comercial). Podía ser de medio cuerpo y propio de las clases bajas, llamado ichcahuipilli, o de cuerpo entero y propio de nobles y veteranos, llamado tlahuiztli. Normalmente estaban ricamente pintados y decorados. Los capitanes también podían llevar una falda o capa llamada ehuatl con bandas, flecos y plumas de distintos colores. Como era común en todas las culturas mesoamericanas, solían decorarse la cabeza con plumas de diversas aves y colores. Lo más normal era una banda bicolor entrelazada roja y blanca con tres plumas blancas, a veces acompañadas de pequeñas hileras de plumas de garza. Gracias a esta banda bicolor los españoles eran capaces diferenciar a sus aliados tlaxcaltecas de sus enemigos tenochtecas. Unas plumas más grandes indicaban que el portador era un noble, mientras que el cacique estaría coronado por plumas de quetzal, las más valoradas. Los plebeyos normalmente iban descalzos, pero los nobles usaban unas sandalias o cactli de cuero fijadas por correas que a veces cubrían hasta la rodilla a modo de espinilleras.
Los nobles o veteranos solían llevar el pelo largo o incluso al estilo temilotl (una especie de moño justo en la parte superior de la cabeza). Además es probable que al igual que los mexica se organizaran en unidades de elite de carácter zoomórfico, ya que los lienzos y códices que nos han llegado revelan a guerreros con cascos de madera o cuatepoztli con la forma de la cabeza de un águila, león o jaguar. Quizás menos importantes habría representados otros animales, como el caimán, ciervo, garza, puma, pato, etc. Destacan especialmente los guerreros coyote o toxcoyotl (“cara coyote”). Normalmente su uniforme o tlahuiztli era de color amarillo, aunque el Códice Matritense revela bastante variedad de colores, probablemente siendo indicativo de estatus social: tlapalcoyotl (“coyote rojo”), tlecoyotl (“coyote de fuego”, con el tlahuiztli decorado con plumas rojas de guacamayo a modo de llamas), citlalcoyotl (“coyote tachonado de estrellas”, de plumas negras con algunas blancas dispersas), tlilticoyotl (“coyote negro”, de plumas negras de pavo), itzacoyotl (“coyote blanco”), tozcoyotl (“coyote de plumas amarillas de loro”) y xiuhcoyotl (“coyote azul”).

En cuanto al armamento, era exactamente el mismo que el méxica. Pero una diferencia bastante importante era un mayor uso del arco, especialmente por los guerreros Otomi. De hecho, Sahagún en sus crónicas menciona que los arqueros tlaxcaltecas al servicio de Cortés eran Otomi. Los escudos o chimalli serían idénticos a los de sus archienemigos méxicas, hechos de fibras de maguey sobre una base de cañas y normalmente con una falda de cuero o tela y decorados con plumas. Además, compartían la misma simbología o heráldica, donde de nuevo el emblema más habitual era la serpiente emplumada. A razón de esto, al comienzo de artículo he recogido nuevos escudos que no publiqué en entradas anteriores. Entre ellos se puede observar una variante del macpallochimalli (“escudo de mano”), poztequichimalli (“escudo hendido”, a dos colores) o el tozmiquitzyochimalli (“escudo de la cabeza de muerte de plumas amarillas de loro”). Para más información sobre el ejército méxica o azteca podéis echar un vistazo a estos dos artículos: El ejército mexica I y El ejército méxica II.
Bibliografía
CÓDICE MATRITENSIS O DE BERNANDIDO DE SAHAGUN: enlace
DIAZ DEL CASTILLO, B (2010). Historia Verdadera de la Conquista de la Nueva España. Tomo I. Cambridge University Press.
GÓMARA, F. L. (1554). Historia de Mexico: con el descvbrimiento dela Nueua España, conquistada por el muy illustre y valeroso principe don Fernando Cortes, marques del Valle, Efcrita por Francifco Lopez de Gomara, clerigo. In: Capitulo: Que fe juntaron ciento y quarenta mil hombres contra Cortes. En cafa de Iuan Steelfio. pp 75-76.
HEATH, I. (1999). Armies of the Sixteenth Century: Armies of the Aztecs, the Incas, other native peoples of the Americas and Spanish America, 1450-1608. In: Capítulo 2, Mesoamerica c. 1450-1600. Foundry Books. pp 52-55.
OBREGÓN, M. A. O. (2011). La Guerra florida en el mundo azteca-mexica. In: Desperta Ferro, Historia militar y política de la antigüedad y el medievo nº 9. Desperta Ferro ediciones. pp 36-38
Como pintar el camuflaje británico “Caunter Scheme”

En Noviembre de 1940 el ejército británico especifica un nuevo camuflaje (General order 297) basado en un diseño disruptivo de tres colores conocido como “Caunter Scheme” y aplicado en muchos AFVs (como el Stuart M3 Honey y el Matilda II) y vehículos ligeros. El camuflaje consiste en una base de Portland Stone y líneas angulares con Silver Grey/Light Blue-Grey y Slate (pizarra)/Khaki Green. Para recrearlo encontré una marca de pinturas acrílicas, DOA paints, que vendía los tres colores ya preparados: Light stone, Silver grey y Slate (del más claro al más oscuro). La calidad de la pintura es bastante buena: cubren bien y son parecidas a las de Model air al aplicarse directamente sin diluir, pero el acabado es un poco satinado y eso que agité los botes a conciencia (quizás fuera del lote). Lo solucioné cuando di las sombras y luces al mezclar estos colores con pinturas mate de Tamiya.

En primer lugar aplicamos el color base Light Stone por todo el carro y sin hacer ningún tipo de enmascarado. A continuación aplicamos las luces mezclando el color base con blanco. Como antes he indicado, mezclé estas pinturas con las de Tamiya y solucioné el problema del satinado. En mi caso he aplicado tres luces, cada vez con mayor proporción de blanco y siempre buscando los paneles con mayor incidencia de luz (teniendo en cuenta el foco de luz de consideremos). Para completar el color base solo faltaría aplicar una sombra. Un consejo a la hora de ensombrecer es olvidar que el negro es la panacea de las sombras, principalmente porque en la naturaleza el negro no existe, siempre son tonos derivados. Yo prefiero utilizar un marrón oscuro como sombra antes que el negro, ya que el gris que obtendríamos (al mezclar el color arena con negro) distaría mucho del color con el que estamos trabajando y podría desvirtuar el resultado. Hay que pensar que estamos trabajando con unas superficies muy pequeñas donde un ligero cambio de color, aunque limitado a una zona, puede comprometer el aspecto del conjunto.

Con esto, para las sombras mezclo el Light Stone con Marrón (X-9 de Tamiya) diluido generosamente con del disolvente de Tamiya. El objetivo de diluirlo tanto es que al aplicarlo solo quede una fina capa que apenas cubra, de tal manera que podemos jugar con el número de capas, y por ende, con la intensidad final. No obstante, el problema de diluirlo tanto es la posibilidad de generar “patas de araña” (típico de una pintura diluida en exceso). Por ello, es recomendable antes de pintar nuestra pieza practicar en un papel o servilleta y comprobar que la dilución es la correcta. Este problema también se puede solucionar bajando la presión de salida de nuestro compresor. A continuación podemos repasar aquellas zonas en las que nos hemos pasado con el color base y la mezcla de la última luz (en mi caso cada mezcla la hago en un vasito de tal manera que si tengo que repasar algo no pierdo ningún tono con los que he estado trabajando).

Ahora aplicaremos el segundo tono para lo cual tendremos que enmascarar el vehículo. Cuando enmascaremos tenemos que pensar en negativo, es decir, que aquello que estamos cubriendo es lo que NO pintaremos con el nuevo tono (y aquí habla la voz de la experiencia). En mi caso he utilizado una cinta de 1cm de Tamiya, pero la cinta de carrocero es una alternativa muy barata. La idea es pintar con el nuevo color prácticamente la mitad del vehículo: en los laterales el corte será en diagonal y en la parte superior alberga casi todo el carro hasta la rejilla del motor trasera, incluida esta (para discernir que parte debe pintarse, mejor mirar las fotos). El color Silver Grey del pack de esta marca me pareció demasiado claro cuando lo apliqué, por lo que decidí mezclarlo con su hermano más oscuro, el Slate. Esta mezcla 1:1 me pareció mucho más adecuada y fácil de iluminar (el otro tono al ser tan claro apenas podría llevar una luz). Con esto, aplique un par de luces añadiendo blanco al color base y como sombras mezclé el Slate con un poco de negro. En este caso estamos trabajando con un gris, luego el negro es la opción más clara. En el caso de la torreta, solo hará falta enmascarar la segunda pieza del cañón.

Finalmente resta el color más oscuro, el Slate, que en este caso solo irá en la parte superior de la torreta. Para ello, tendremos que enmascarar toda la torreta y solo dejar al descubierto esta zona. Al igual que en el caso anterior, aplico un par de luces añadiendo blanco y una sombra con un poco de negro. Sin embargo, el resultado del camuflaje no fue el esperado, ya que el color intermedio y éste ultimo apenas difieren. Probablemente habría sido recomendable añadir un poco de negro al Slate para oscurecerlo, no como sombra, si no como color base. Finalmente, ya “solo” falta por aplicar las calcomanías y los detalles y el desgaste.

Como pintar fallschirmjägers (Ardenas)

Hace unos meses publiqué un tutorial para pintar paracaidistas americanos y británicos de la segunda guerra mundial. Hoy le toca el turno a los paracaidistas alemanes –o como son llamados en su tierra, fallschirmjägers–, aprovechando unas miniaturas en 15mm de Forged in Battle que he estado pintando. A lo largo de la segunda guerra mundial los fallschirmjäger combatieron en varios frentes, desde Creta (última acción alemana aerotransportada), hasta las Ardenas y pasando por Italiay Normandia. Pero en este tutorial solo me voy a centrar en un teatro, la batalla de las Ardenas, donde combatiría la 5º Fallschirmjäger Division (LXXXXV Cuerpo, Séptimo Ejército), aunque también es válido para las unidades que combatieron en Normandia. Además, hace tiempo publiqué una entrada donde daba algunas indicaciones para pintar paracaidistas alemanes de la línea gótica (Italia).
Antes de ponerme a pintar las figuras lo primero que hice fue buscar algunas fotos de renactors por la red para cerciorarme de cómo son los auténticos colores del uniforme. Aunque tengo muchos libros de láminas, un dibujo las mas de las veces no transmite el color correcto, sino aquel que considera el artista. Por ello, la mejor opción es hacerse con una foto, ya sea de renactors (¡de época solo están en blanco y negro!) o del uniforme (asumiendo que después de 50 años ha podido perder el color). En conclusión, el uniforme de estos soldados estaría dominado por tonos verdosos, en comparación con el color terracota de los uniformes de Italia, aunque la guerrera llevaría el mismo camuflaje típico, el splinter o de “gotas de lluvia”.

Para el casco y los pantalones, de un tono verdoso oscuro, he elegido el camuflaje alemán verde oscuro (979, Vallejo). Cuidado de no confundir con el verde extra oscuro (896, Vallejo), ya que ambos son muy parecidos, pero este último es más grisáceo y apagado (lo digo por experiencia). Tras aplicar la capa base, aplico varias subidas añadiendo blanco mate. En el caso del casco, voy haciendo círculos concéntricos cada vez más pequeños. Para resaltar aún más el color aplico una sombra. Para ello mezclo el verde oscuro con un poco de negro y aplico la mezcla en los repliegues de los pantalones y en la base inferior del casco para destacar el reborde. Una vez pintado lo fácil, viene lo tedioso: la guerrera. Ya he comentado en varias ocasiones como recrear el camuflaje splinter, ¡así que no voy a aburrir al lector explicándolo de nuevo!.
En el caso de las cinchas y cartucheras (ya sean las fijadas en el cinturón o las que llevaban en los tirantes) he observado distintos colores: negro, beige, marrón e incluso unas con camuflaje incorporado. Al final me decante por el negro, por la sencilla razón de que si tengo una guerrera con tres colores (beige, marrón y verde) el negro sería el que más contraste daría, además de “poner un poco de orden” en aquel amalgama de tonos. Para iluminar el negro, en lugar de usar blanco, he usado rosa. ¡Con esto evitaremos que nuestro negro se convierta en gris!. En el caso del casco, a diferencia, he pintado las correas con marrón mate (984, Vallejo) e iluminado con marrón naranja (981, Vallejo). ¿Por qué aquí marrón y no negro?, debido a que en esta zona apenas hay tonos, y el negro a fin de cuentas “no dice nada”, solo nos da contraste a esta escala, comparado con un marrón que destaca bastante. Es importante jugar con estos matices para sacarle más partido a nuestra figura. Y por una razón parecida, la correa del fusil la he pintado con marrón chocolate (872, Vallejo) e iluminado añadiendo blanco.
A continuación, y no menos importante, vendrían los bártulos. Los soldados alemanes solían llevar normalmente tres: una marmita con escudilla, una bolsa del pan y la caja de la máscara antigás. De nuevo tenemos el problema de tener de fondo el camuflaje splinter, muy bonito con tanto color, pero que nos obliga a elegir correctamente un color para estos objetos para que destaquen. En mi caso, opte por un marrón oscuro (marrón chocolate), un grisáceo (verde alemán WII) y por un verde muy oscuro (verde extra oscuro), respectivamente, y en todos los casos sacando luces mezclando el color base con blanco. Finalmente, solo nos faltaría para terminar nuestra miniatura el fusil y la carne, pero ambas cosas ya las he explicado con anterioridad, así que de nuevo no voy a repetirlo. Y por si a alguien le interesa, la próxima entrada (cuya fecha se desconoce) será sobre como pintar el camuflaje caunter británico, típico de sus carros en África.
Camuflaje invernal en 15mm (técnica de la laca)
En esta nueva entrada voy a intentar explicar cómo utilizar la “técnica de la laca”, la cual me la enseño el maestro Jose Luis “Porta”, para recrear la pintura blanca que utilizaban los tanquistas para camuflar sus vehículos durante los meses invernales. Con objeto de conseguir camuflar los tanques en el blanco de la nieve, los tripulantes recurrían a una pintura blanca soluble con la que embadurnaban todo el vehículo. Al ser soluble, con la llegada de las lluvias de primavera la pintura empezaba a diluirse, dejando traslucir la pintura original y dando lugar a un entramado de desconchones y chorretones que se mezclarían con el propio desgaste que el vehículo ya acarrease.
En primer lugar hay que considerar la escala. El 15mm probablemente no sea el tamaño más apropiado para esta técnica, ya que el jugo se le saca precisamente a las superficies más amplias. Y esta escala nos ofrece pocas. Sin embargo, tenía ganas de probarla y el carro que ilustra el tutorial (miniatura de Forged in Battle) tenía llevar un camuflaje invernal. En definitiva, se juntó el hambre con las ganas de comer y aquí presento el resultado de mi experiencia, por si a alguien le sirve de provecho.
En primer lugar, tenemos que considerar el efecto que vamos a recrear: una capa blanca en primer plano desgajándose, dejando ver la pintura original del vehículo en segundo plano. Por lo tanto, lo ideal es buscar el mayor contraste entre el blanco exterior y el color interior. Sin duda, la mejor opción es usar un color oscuro, ya sea el gris en los Panzer alemanes; o el verde, en los aliados. Y esta regla es aún más importante a esta escala, para ganar contraste. En mi caso me vi cegado por el tritonal, que es el que más me gusta, y no hay excusa que valga… Una vez elegido el color, pintamos el vehículo de forma habitual. No obstante, no es necesario trabajar excesivamente este color, ya que después el resultado quedará enmascarado por el blanco. Antes de continuar, lo ideal es barnizar el modelo para evitar posibles desgracias. En mi caso tiré una fina capa de barniz mate (Tamiya X-21) con el aerógrafo. Hay quien utiliza un producto americano, el FUTURE, a modo de barniz. En España, la alternativa podría ser una cera líquida para parquet y láminas, de Bosque Verde (3€ en el Mercadona). Si usamos estos productos es importante limpiar rápidamente el aerógrafo para evitar que se seque el líquido y nos lo obture. Por otro lado, al tratarse de faldones laterales de rejilla y no lisos, enmascaré todos para después aplicar el blanco a pincel seco (no me interesaba que el blanco quedará entre los huecos de la rejilla).
A continuación viene la gracia de la técnica: la laca. Para ello necesitaremos un bote de laca del super. Cualquiera vale, la más barata. La aplicamos en rápidas pasadas y cubriendo toda la superficie (no hace falta ahorrar, que es barata!). Si queda brillante, no os preocupéis, ya que en los siguientes pasos quedará mate. Es importante tener en cuenta que cuanta más gruesa sea la capa de laca (o si damos varias capas sobre la misma zona) más tendremos que trabajarla luego para descarnar la pintura blanca. Una vez seca, diluimos la pintura blanca (Tamiya XF-2) un 50% y rociamos de forma no uniforme el vehículo, incidiendo en las zonas menos expuestas. La idea de pintar de forma irregular es conseguir mayor variedad de tonos, lo cual se sumará a los efectos siguientes. El resultado final será la suma de todos los efectos que hemos aplicado, y cuantos más hayan sido, más riqueza daremos al resultado (aunque a veces conviene moderarse!).
Una vez este seco el blanco, con un pincel de cerdas rígidas (ej. pincel plano y corto), o incluso un cepillo de dientes (aunque en mi opinión, es demasiado abrasivo, y agua caliente vamos frotando la superficie. Cuanto más frotemos, más pintura blanca eliminaremos. Por lo tanto, dependiendo del efecto que queramos conseguir habrá que frotar con mayor o menos intensidad (ej. en mi caso quería representar el carro ya en plena primavera, cuando la pintura blanca comienza a ser historia y por ello frote con esmero). Otro factor que afecta a esta etapa es el grosor de la capa de laca que hayamos dado. Si ésta es muy gruesa, tendremos que frotar bastante y sin querer podemos pasarnos y haber eliminado demasiada pintura blanca. Una vez seca el agua que quede por la superficie, deberemos resaltar las zonas más expuestas con pintura blanca ligeramente diluida. Para ello, con un pincel fino vamos aplicando un perfilado en blanco por todos los recovecos. En este punto tuve mis dudas, ya que con este perfilado perdemos bastante contraste, ya que no resaltamos los detalles del vehículo. Y a esta escala, es una importante pérdida. Al final no aplique ningún perfilado oscuro, pero aún albergo las dudas y es posible que lo retoque.
Finalmente, faltan los toques de envejecimiento: desconchones, chorretones y los bajos del vehículo. Para los desconchones utilicé la técnica de la esponja, ya explicada en otros tutoriales del blog. Lo único es que ahora uso directamente el color oxido oscuro (302, Vallejo serie Panzer Aces). Los chorretones en lugar de hacerlos con óleos, ahora los hago con acrílicos. Con oxido claro (301, Vallejo serie Panzer Aces) muy diluido (90%) aplico las líneas verticales. Al estar tan diluido apenas deja marca, por lo que habrá que dar varias capas superpuestas para que el chorretón coja color. Esto permite jugar con la intensidad, dándole más color justo en la base del chorretón. Finalmente, en los bajos del vehículo traté de representar barro con un par de pigmentos rusian earth (P034, MIG) y vietnam Earth (P031), siguiendo este tutorial.










