Actualizado: 6 de Mayo del 2020

Esta es la segunda parte de este otro artículo, donde comento los preámbulos de la Conquista. 

Os dejo aquí mi crónica de la Conquista de México que fue publicada en una versión reducida como dossier en el número 50 de la revista Wargames: Soldados y Estrategia. Es el producto de la lectura de varias fuentes, si bien la principal es la obra de Hugh Thomas. Se trata de un relato de las hazañas bélicas y movimientos de tropas que tuvo lugar durante la toma de Tenochtitlán, dejando de lados otros muchos hechos históricos que aunque interesantes, no tienen espacio en este artículo. 

Todas las miniaturas que podéis ver ilustrando el artículo son de 15mm. Los mexicas y tlaxcaltecas son de Black Hat Miniatures, mientras que las miniaturas de conquistadores son de Venexia miniatures. Éstas últimas las pinté inicialmente como un ejército de las Guerras de Italia, de ahí que pintara un aspa de borgoña. Esto es anacrónico con respecto a la conquista.

En estos enlaces podéis encontrar todos los artículos publicados al respecto de la Conquista en mi blog. Dado que sigo leyendo artículos y libros al respecto, iré actualizando estos artículos progresivamente. 

Os advierto que yo no soy más que un aficionado en esto de indagar en la historia. Intento plasmar aquí un resumen de lo que leo de la forma más objetiva posible. Pero no deja de ser un trabajo de andar por casa. Os recomiendo ir a las fuentes originales que acompañan el artículo para tener información de primera mano. 

La expedición de Hernán Cortés

La expedición de Hernán Cortés parte en 1519 con una fuerza de diez naves y medio centenar de conquistadores, ademas de varios centenares de indios cubanos. Según Bernal Díaz del Castillo, al llegar a las costas del continente:

[Cortés] halló por su cuenta que éramos quinientos ocho; sin maestres y pilotos y marineros, que serían ciento; diez y seis caballos y yeguas (las yeguas eran todas de juego y de carrera), once navíos grandes y pequeños, treinta y dos ballesteros, trece escopeteros, diez tiros de bronce , cuatro falconetes, y mucha pólvora y pelotas (Díaz del Castillo, 2011, p 17).

A esto hay que sumar los perros de guerra. Al parecer, Cortés se hizo diseñar una armadura de algodón a semejanza de las que usaban los nativos. Muchos de los conquistadores irían protegidos con armaduras de acero, lo cual según algunos cronistas e historiadores, sería usado más para impresionar a los indios que como elemento defensivo. En mi opinión, el explorador de turno intentaría encontrar la mejor defensa que su bolsa de monedas pudiera encontrar para evitar ser herido, sin importarles cuanto impresionarían a lo indios. Si os interesa saber más sobre el armamento ofensivo y defensivo de los conquistadores, os recomiendo este otro post.

Las órdenes de Cortés son de establecer acuerdos comerciales, no de conquista. Es decir, de acuerdo con la ley del momento, un movimineto de conquista sería ilegal. Esto explicaría posteriormente algunas de las decisiones que el extremeño tomaría. Inicialmente, la exploración del Yucatán surge como una empresa entre el gobernador de Cuba, Diego Velázquez (el armador) y Hernan Cortés (Capitán General). Sin embargo, ciertas discrepancias entre ambos rompen la relación y Cortés se escabulle sin el consentimiento del gobernador. Al poco de abandonar Cuba, la horda de Cortés llega a la isla de Cozumel frente a las costas de México, donde destierran a los ídolos paganos de los lugareños y ponen en su lugar a la Virgen María. Todo de forma muy pacífica.

Más tarde navegan por la costa hacia el norte y llegan a Potonchan remontando el río Grijalva, donde un par de centenares de exploradores europeos se adelantan para obtener bastimentos y solicitar oro a los nativos. Las relaciones se tuercen y Cortés decide traer más hombres. Los nativos no cumplen las exigencias de los castellanos, y provocados, los indios atacan confiados en su superioridad numérica. Según las crónicas, no muere ningún español pero sí al menos 400 indios. Aún no utilizan los caballos pero sí las armas de fuego, cuyos estruendos dejan impresionados a los indígenas. Cortés aprovecha este primer combate contra nativos americanos y toma algunas notas: las armaduras de algodón son muy eficaces contra las armas y tácticas indígenas (tratan de herir para hacer prisioneros, más que matar. Para saber más de este tipo de guerra, os recomiendo este artículo). Y como ya sabía por las anteriores expediciones, las armas de fuego parecen tener un importante efecto en la moral de los nativos, aunque no causan muchas bajas. 

Kuvahaun tulos haulle potonchan

Buscando más bastimentos tiene lugar la batalla de Centla contra mayas-chontales, donde Cortés decide usar por primera vez los caballos debido a la gravedad de la situación dado que las armas de fuego empezaron a perder su eficacia psicológica. La batalla se salda con unos 200-800 indios muertos y aparentemente todos los castellanos heridos pero ninguno muerto. La famosa Malinche es ofrecida a los españoles como ofrenda por los derrotados chontales. El 25 de marzo de 1519 Cortés funda el poblado de Santa María de la Victoria (futura capital de Tabasco).

Un poco más tarde fundan la Villa Rica de la Vera Cruz con un cabildo (corporación municipal), dado que según la ley del momento una ciudad con cabildo se convertía en autónoma. Supone el primer ayuntamiento de las américas. Esto formó parte de los planes de Cortés, que lo hizo con nocturnidad y alevosia y no hizo mucha gracia a los seguidores de Diego Velázquez. Enterado de esto, el gobernador de Cuba denuncía la irregularidad y empieza a levantar un ejército para acabar con los rebeldes

Al poco, los europeos siguen su camino y llegan a Quiahuiztlan, donde consiguen la alianza de los totonacas que quieren escapar del yugo tributario mexicano. Cortés lleva una doble diplomacia con este pueblo y México, de tal manera que mientras agasaja a los embajadores mexicanos por un lado, ayuda a sus nuevos aliados totonacas por otro a destruir una guarnición Mexica que se está concentrando para sofocar una revuelta totonaca en Tizapancingo. Al parecer, los méxicas deciden retirarse al ver a los conquistadores como enemigos.

Un conato de motín organizado por varios exploradores descontentos es sofocado. Tras ejecutar a los cabecillas, Cortés ordena barrenar y hundir los barcos para borrar de un plumazo las ganas de volver que alguno aún tuviera. 

Tras la llegada de nuevos refuerzos (un barco con 60 hombres y caballos), el 18 de Agosto de 1519 Hernán parte hacia Tenochtitlan, dejando en la Villa rica de la vera cruz 150 hombres, dos caballos y dos arcabuceros bajo el mando de Juan de Escalante. 

De camino a Tenochtitlan

Cortés lleva consigo a la “Santa compañía: unos 300 Conquistadores, entre ellos 40 ballesteros, 20 arcabuceros, tres piezas de artillería, 15 caballos y varios perros de guerra. Irían con la armadura, la mayoría de algodón, puesta en todo momento. Estaban divididos en compañías de unos 50 hombres bajo el mando de Alvarado, Velázquez de León, Olid, Ávila y Sandoval. A esto habría que sumar unos 150 indios cubanos y 800 totonacas y cempoaltecas bajo el mando del cacique Mamexi.

Se acercan a Tlaxcala, junto a otros mil soldados locales, con la esperanza de encontrar otro aliado contra México. Ya en territorio Tlaxcala son atacados por la facción otomí (comunidades autónomas del éste, no tlaxcaltecas propiamente dichos, y no confundir con la cofradía militar mexica del mismo nombre), consiguiendo matar a dos caballos y herir a otros tres. El resto de la caballería consigue que los indios se retiren tras acabar con unos 60 de ellos. Según las crónicas, esta batalla fue preparada ex profeso por los líderes Tlaxcaltecas para saber a qué tipo de enemigo se enfrentaban: dioses (teules) u hombres, y si debían aliarse o no con ellos. De ahí que utilizaran a la facción otomí en lugar de los propios tlaxcaltecas. Si las cosas pintaban mal, sería más fácil exculparse. 

No obstante, al poco tiempo se presentó otro ejército otomí para la batalla, donde se esforzaron por capturar un caballo vivo y sacrificarlo, cosa que consiguieron. Los castellanos logran imponerse al final y ponen en fuga a los indios cuando estos pierden a varios de sus caciques, efecto reforzado por el impacto causado por las armas de fuego (estos pueblos aun no las habían experimentado). Como venganza, Cortés emprende acciones de castigo contra varios pueblos cercanos con doscientos castellanos y varios centenares de indios aliados, que llevan a cabo misiones de saqueo, incendio y captura de prisioneros. Los tlaxcaltecas reúnen otro ejército “inmenso” y suministran comida a los castellanos antes de la batalla para que no se diga que perdieron por estar hambrientos. Durante la subsiguiente batalla los castellanos aguantan varias acometidas tlaxcaltecas perdiendo tan solo un par de hombres, hasta que los indios se retiran. Sin despeinarse, al día siguiente Cortés reanuda las acciones punitivas.

Para romper la dinámica, los tlaxcaltecas preparan un ataque nocturno aunque pierden el factor sorpresa al ser capturados, interrogados y mutilados unos espías nativos. Aun así, los tlaxcaltecas deciden continuar con sus preparativos. Sin embargo, el día de la batalla son los castellanos quienes toman la iniciativa, poniendo al enemigo en fuga debido al cañoneo y al uso de los caballos a los que los castellanos pusieron cascabeles para atemorizar a los indígenas (si bien el cascabel al parecer ya existía en México y es posible que este no causara gran impresión). 

Tras unos días de descanso, Cortés reanuda sus ataques a los poblados nativos. Sin embargo, al llegar a una ciudad más grande con una fuerte guarnición de guerreros otomíes, Cortes pidió comida y no inicio ataque alguno. Esto le valió la reputación de ser impredecible a los ojos de los amerindios, propio de los Dioses. Cada vez tiene más fuerza la idea de que los castellanos son dioses, y que el propio Cortés es Quetzalcoatl que finalmente ha vuelto. Aunque como ya hemos dicho, la idea de que los europeos eran inicialmente consideradas como dioses puede ser un producto de propaganda post-conquista. 

El 23 de Septiembre de 1519 los europeos entran en la ciudad de Tlaxcala, donde Cortés consigue finalmente forjar su alianza con los tlaxcaltecas. El 12 de Octubre parten rumbo a Cholula (aliada de México) acompañados de unos mil tlaxcaltecas. Cholula era la “Meca” del culto a Quetzalcoatl y Huitzilopochtli, con la pirámide más grande del mundo. Allí les reciben cortesmente, pero por orden de Moctezuma, no les ayudan ni proveen de bastimentos. Según las crónicas, los méxicas al parecer se preparan para emboscar a los castellanos cuando éstos salgan de la ciudad. Pero Cortés tiene noticia y ordena saquear la ciudad como castigo. Después de la brutalidad de este acto, Cortés ya no es considerado por los amerindios como el moderado Quetzalcoatl, si no un dios de la guerra como Huitzilopochtli o Tezcatlipoca. De nuevo, esto debe ir entre comillas. 

El 1 de Noviembre Cortés pone rumbo a Tenochtitlan, a través de la ruta más complicada y la que menos se esperaban los méxicas: entre los volcanes. En su marcha dejan atrás a sus aliados totonacas y cempoaltecas, que vuelven a sus hogares. Pero los tlaxcaltecas y otros aliados continúan con ellos. Llegan a territorio de los chalcas, vasallos de México, y se dirigen a la ciudad más importante, Chalco, antes de dirigirse a la capital del imperio.

El 8 de Noviembre Cortés llega a Tenochtitlan en el siguiente orden de batalla: al frente cuatro jinetes con armadura de tres cuartos, seguido de un contingente de rodeleros (encabezado por Diego de Ordás) y algunos jinetes con armadura de algodón y lanza; a continuación irían los ballesteros con armadura de algodón y cascos decorados de plumas; la “santa compañía” queda cerrada por los arcabuceros y los últimos jinetes. Cortes iba a la retaguardia con algunos jinetes. Tras los castellanos irían los aliados tlaxcaltecas y cholultecas.

Allí los méxicas y su emperador Moctezuma los recibe cortésmente y les permite acomodarse en el palacio de Axayácatl, en el interior de la ciudad. Incluso reciben educadamente a sus archienemigos y odiados tlaxcaltecas, lo que caldea los ánimos de muchos tenochtecas. No obstante, los aliados indios deben acampar a las afueras de la ciudad. A pesar de algunas disensiones entre los mexicas, el favor que Moctezuma manifestaría a los castellanos se mantendrá durante varias semanas. Ante la inactividad y acuerdos vacios, Cortés decide tomar partido. Aprovecha la situación de confianza y se dirige con 30 de sus hombres totalmente armados al palacio de Moctezuma, y le invita a éste a acompañarlo al palacio que ocupaban los castellanos, donde lo retienen. Desde allí, Moctezuma seguirá dirigiendo el imperio pero bajo la supervisión de los castellanos y ante la miraba atónita de sus súbditos. La excusa para llevarse secuestrado a Moctezuma fue un ataque realizado por el capitán Qualpopoca contra los castellanos asentados en La Villa Rica de la Vera Cruz coincidiendo con la llegada de Cortés a Cholula semanas antes. De este ataque al parecer Cortés tuvo noticia cuando aún estaba en Cholula, pero decidió guardarse ese as en la manga para usarlo en el momento adecuado. Qualpopoca confesó bajo tortura que seguía órdenes de Moctezuma, lo que le dió a Cortés la excusa perfecta para apresar al emperador. De hecho, el ataque sobre La Villa Rica de la Vera Cruz coincidía con la trampa preparada para acabar con Cortés en Cholula, y tiene sentido que fuese planeado premeditadamente para matar dos pájaros de un tiro (Bueno Bravo, 2015).

Expedición de Pánfilo Narváez para detener a Cortés

Desde La Española, Velázquez considera a Cortés como un traidor al no cumplir sus órdenes y pasar por encima de él al referirse a la corona española. Recordemos que Cortés no tenía permiso para conquistar ningún territorio. Decide enviar a Pánfilo Narváez con un millar de hombres para detenerlo.

Esto pilla a Cortés en un momento muy delicado. El apresamiento del tlatoani había avinagrado aún más el ambiente entre los mexicas, a lo que había que sumar disensiones internas. Algunos soldados castellanos, fieles a Velázquez, exigían su parte del botín y volver a cuba; y los aliados tlaxcaltecas también exigían parte de su botín. Cortés, enterado de la expedición de Narváez, decide abandonar Tenochtitlan con 350 soldados para enfrentarse a Narváez en la costa. Mandó fabricar a los aliados chinanteca picas con puntas de cobre para enfrentarse a la caballería de Narváez y un refuerzo de 2000 guerreros, pero llegaron cuando la batalla estuvo ganada. Cortés también solicitó 4000 guerreros tlaxcaltecas, pero estos se negaron aludiendo que su guerra era solo contra los mexicas. 

El orden de batalla de Cortes estaría organizado en cinco compañías: 60 bajo el mando de Diego Pizarro (su misión es tomar la artillería enemiga), 80 bajo Sandoval (debe capturar a Narváez o matarle si se resiste) y 60 bajo Velázquez de León (debe capturar a su primo Diego Velázquez, con quien tiene una cuenta pendiente). El resto, bajo el mando de Cortés, está en reserva. Cabe destacar que Cortés se aseguró bastantes lealtades entre los hombres de Narváez antes de la batalla a base de limosnas. Narváez por su lado situaría su cuartel en el templo mayor de Cempoala. En el patio situó 20 jinetes, en la plataforma superior los arcabuceros y los tres lugartenientes más importantes: Salvatierra, Bono de Quejo y Gamarra. Frente al cuartel situó los cañones.

La batalla se produce la noche del 28 al 29 de Mayo de 1520, dominada por la lluvia que amortiguaría los movimientos de los hombres de Cortés. Tras una corta batalla los fieles a Cortés consiguen capturar a Narváez, por lo que el resto de capitanes se rinde. El saldo es de 15 muertos en el bando de Narváez y dos en el de Cortés. Los soldados de Narváez pasan a engrosar el ejército de Cortés y Narváez queda apresado en la Villa Rica. La nueva horda de Cortés, según la relata Bernal Díaz del Castillo, quedaría así a la llegada a Tlaxcala en su camino de vuelta a Tenochtitlán (Díaz del Castillo, 2011, p153):

Y luego Cortés mandó hacer alarde de la gente que llevaba, y halló sobre los 1300 soldados, así de los nuestros como de los de Narvaez, y sobre noventa y seis caballos, ochenta ballesteros, y otros tantos escopeteros, con los cuales le pareció que llevaba gente para poder entrar muy a nuestro salvo en Mejico.

La Noche Triste

Cortés deja a Alvarado al mando de unos 100 hombres en Tenochtitlan mientras él se encarga de Narváez. Durante la fiesta de “Las calendas del mes Toxcatl” el ambiente se solivianta y los castellanos temen un ataque de los mexica aprovechando su debilidad, idea que según las crónicas fomentan los tlaxcaltecas. Con el ánimo avinagrado, Alvarado opta por atacar antes de ser atacado: bloquea las puertas de la plaza mayor y masacra a la aristocracia guerrera allí congregada. Los méxica, horrorizados, se quedan sin buena parte de sus líderes de una sola estocada. Ante este brutal acto, los méxicas se levantan en armas y asedian el palacio ocupado por los castellanos. 

Los europeos usan a Moctezuma para que pida tranquilidad a su pueblo, pero en una de estas salidas queda muerto de una pedrada. Otra versión dicta que los castellanos lo ejecutaron. Personalmente, pienso que a los europeos les interesaba más mantener al emperador con vida para intentar buscar una salida. Muerto no servía de nada. Tras esta debacle, los asediados castellanos buscan otro plan para intentar calmar al pueblo y liberan a un familiar del ex-emperador, Cuitlahuac. Les sale el tiro por la culata, puesto que éste aprovecha la situación, y vitoreado por su pueblo, se convierte en el nuevo caudillo méxica cuyo objetivo es destruir a los castellanos.

Cuando Cortés llega a la capital tenochteca, con más de mil hombres y otros tantos aliados indos se encuentra con una ciudad “muerta” y sumergida en el silencio. Al llegar al palacio, se entera de que Moctezuma había muerto, y de que la liberación de Cuitlahuac había dado un nuevo caudillo a los méxicas, que bien organizados no dejan de atacar a los castellanos. El asedio prosigue ahora con todos los castellanos dentro del palacio, sin más agua que la salobre que sacan de pozos excavados en el patio. Para salir de esta situación, los castellanos deciden atacar y dar un escarmiento. Preparan unos “tanques” primitivos o manteletes: ingenios cuadrados, cubiertos y con ruedas, donde entrarían 20 hombres con picas y escopetas. Su uso resultó inútil para acercarse e intentar tomar una de las calzadas, pero permitió la captura del templo Yopico, desde donde los mexica les bombardearon sin descanso con proyectiles. No obstante, fue una pírrica victoria dado que en la acción mueren veinte castellanos y los artefactos quedan destruidos.

La revuelta dura un mes, y a pesar de que Cortés intenta contenerla con dos mil tlaxcaltecas y mil trescientos europeos, no lo consigue. La situación es insostenible por más tiempo y Cortés decide marcharse de la ciudad llevándose a varios miembros de la realeza como rehenes. Lo harán la noche del 30 de junio, ya que los méxicas no solían luchar durante esas horas. Eligen seguir la calzada de Tacuba, por ser la más cercana y con más puentes situados sobre los ojos o huecos de la calzada. En el resto de calzadas todos estos puentes habían sido retirados. Se dice que, cuando pasaron por el cuarto ojo los vió una mujer y ésta dio la voz de alarma. Pronto toda Tenochtitlan salió a cazar castellanos. Desde ambos lados de la pasarela los méxicas les lanzaban dardos desde cientos de canoas, a la vez que hacían presión por la calzada.

Queda masacrado la mitad del ejército castellano. Atrás dejan 600 castellanos y un número mucho mayor de aliados tlaxcaltecas muertos o heridos (y seguramente hechos prisioneros para ser sacrificados). Se pierden todos los cañones y gran cantidad de recursos, incluyendo el tesoro y el quinto del rey. Esta noche pasaría a conocerse como la Noche triste. Curiosamente, lo primero por lo que se interesó Cortés fue por la situación de Martín López, un destacado carpintero. Y cuando le dijeron que estaba vivo, Cortés exclamó: “vamos, que nada nos falta”. Posiblemente ya estaba planeando el asalto a tenochtitlan desde la laguna.

Cortés decidió poner rumbo a Tlaxcala para recuperarse, reorganizarse y planear sus futuros movimientos. En el camino no faltan las emboscadas y escaramuzas con los envalentonados méxica. El ejército castellano se ve reducido a 340 soldados, casi todos heridos, y 27 jinetes; así como un par de cientos de fieles aliados tlaxcaltecas. 

La batalla de Otumba

El nuevo emperador Cuitlahuac decide dar el golpe definitivo a los castellanos supervivientes. Se reúne con sus aliados de la Triple alianza (Tenochtitlan, Texcoco y Tacuba) en Otumba, donde cortan el paso a los castellanos. Unos 40.000 méxicas se enfrentarían a los casi 500 castellanos y tlaxcaltecas. Los castellanos apenas cuentan con arcabuces (y mucho menos pólvora), ballestas o caballos; y recordemos que todos los cañones se perdieron en la laguna.

Los méxicas con su abrumadora superioridad numérica rodean a los castellanos, a los que acometieron durante horas. Debido a su tradición de capturar enemigos (guerras floridas), apenas mureren castellanos; si bien todos resultarían de una manera u otra, heridos. Pero el tiempo va en contra de los castellanos, dado que no pueden turnarse para descansar, mientras que los méxicas lanzan continuamente refuerzos frescos. Así, Cortés acompañado de otros 12 jinetes se lanza al grito de Santiago contra el caudillo Cihuacóatl Matlatzincátzin (el más decorado y vistoso guerrero del ejercito mexica). Supuso la primera carga de caballería en el nuevo mundo, que se tradujo con la muerte del caudillo y la captura de su estandarte. La captura del estandarte por el enemigo era una señal de derrota para los mexicas, lo que unido a la muerte del caudillo, resultó en la total retirada del ejército de la Triple Alianza. Los agotados españoles aprovecharon la oportunidad y cargan a degüello contra las tropas méxicas en retirada, causando numerosas bajas y cobrándose la venganza por la Noche triste.

Esta imposible victoria permitió al ejército Castellano retirarse a Tlaxcala con tranquilidad. En lugar de perseguirles a fondo, los mexicas se centran en reorganizarse, pensando que los débiles españoles lo tendrían ahora muy difícil para recabar apoyos entre los indigenas. Y no iban muy desencaminados, dado que aunque los tlaxcaltecas les abren sus puertas y les dan de comer, esta vez lo hacen a cambio de oro. No obstante, finalmente Tlaxcala y Huexotzinco renuevan su alianza con Cortés a pesar de recibir ofertas de los mexica para firmar la paz. Al final prevaleció el tiempo de bonanza que vivieron durante ese año y medio desde la llegada de Cortés. Durante los siguiente 20 días el derrotado ejército hispanoindígena hace acopio de fuerzas y  Cortés diseña su nueva estrategia. 

Asedio a Tenochtitlan

El nuevo plan de Cortes consistiría en una campaña de propaganda a través del miedo. Cortés buscaba varias cosas: dar trabajo a sus soldados y evitar revueltas internas, conservar la alianza con los tlaxcaltecas, y dañar la moral de los méxicas y sus aliados. Para empezar, necesitaba una gran victoria, y Cortés decide poner rumbo a Tepeaca: centro de tributo de la Triple Alianza y ciudad estratégica situada entre Tenochtitlan y la Villa Rica de la Vera Cruz. A primeros de agosto, Cortés partiría con unos 500 soldados, 17 jinetes y 6 ballesteros (habían llegado refuerzos desde la Villa Rica de la Vera Cruz), junto con unos 2000 aliados tlaxcaltecas y otros tantos huexotzincas y cholultecas. 

Los tepeacas son derrotados en los campos de maíz y maguey a las afueras de su ciudad. Una vez más, el impacto psicológico de los caballos tuvo una gran importancia en la batalla. Cortés sometió la ciudad que rebautizó como Segura de la Frontera, y esclavizó a buena parte de su población que fueron marcados con hierros candentes. Los tlaxcaltecas por su lado sacrificaron y se comieron a numerosos derrotados siguiendo sus costumbres. 

Cortes siguió esta misma táctica en otras ciudades, como Quechula (una de las pocas ciudades méxicas con muros), Izúcar, Tecamachalco y Acapetlahuacan. Mientras que otras se sometieron sin luchar, como Huexotzinc y Cuetlaxtlan. En 20 días, Cortes dominaba la mitad del país, al mismo tiempo que asediaba Tenochtitlan al cortarle los tributos que debía recibir de estas ciudades. Tenochtitlan necesitaba de estos tributos, sobre todo comida, ya que no era autosuficiente y no podía alimentar a su inmensa población estimada en 70.000 almas.

Durante este tiempo Cortés sigue pensando en su objetivo principal: el asalto a Tenochtitlan. Para ello mandó construir doce bergantines al carpintero Martín López.

En esos días, uno de los cuatro líderes de Tlaxcala, Maxixcatzin, cae enfermo al haber contraído la viruela. Esta enfermedad llegaría por primera vez al nuevo mundo a La Española en 1518, para pasar a Cuba a finales de 1519. Un hombre negro, Francisco Eguía, que llego en la expedición de Pánfilos Narváez transferiría la enfermedad al Yucatán y pronto se extendería por todo el territorio. Los amerindios consideraban las enfermedades como castigos divinos. Por ejemplo, los mayas la atribuyeron a los dioses de enfermedad: los tres niños Ekpetz, Uzannkak y Sojakak. Su paso por el valle de México duró 70 días y diezmó a la población, matando incluso al nuevo emperador mexica. Los castellanos no llegaron a valorar la magnitud de la catástrofe, aunque tampoco la sufrieron en demasía, pues ya la habían sufrido sus familias y habían desarrollado cierta inmunidad (o en otras palabras: solo habrían sobrevivido aquellos mejor adaptados). La leyenda negra dice que los españoles dieron ropas infectadas a los indios a sabiendas de las posibles consecuencias. Hoy día es del todo imposible comprobar esta hipótesis, pero debemos recordar que el objetivo de los castellanos no era destruir a la población nativa. Por un lado, Cortés quería entregar a su rey un imperio “intacto” y rico, y así ganarse su perdón (como dijimos, Cortés inicia la conquista de forma ilegal). Y por otro lado, la viruela no reconoce entre indios aliados o enemigos. Todos sucumbieron por igual y los castellanos dependían de sus aliados nativos debido a su reducido número. Es más, siguiendo la leyenda negra con ese afan de esclavizar y encontrar oro de los castellanos, alguién tendría que ir a picar en las minas, ¿no? un indio muerto no servía de nada (notese la ironía). Personalmente, soy de la opinión de que la viruela fue un daño colateral, de la misma forma que muchos europeos caían enfermos por las enfermedades tropicales a las cuales sus cuerpos no estaban acostumbrados. 

La epidemia tuvo un fuerte impacto psicológico entre los nativos, dado que pensaban que los dioses les habían castigado. Otra importante consequence fue que se empezó a considerar a Cortés como un creador de reyes, puesto que era él quien sugería los sucesores de los señores de una villa que caían víctima de la viruela, quien ponía al cargo a indígenas que le apoyaban. Esto le permitió a Cortés convertirse de facto en el dirigente de una gran alianza, cosa que supo aporvechar al máximo.

Durante estas semanas llegaron seis pequeñas expediciones -algunas desde La Española, donde no se tenían noticias de Narváez- que trajeron bastimentos y nuevos soldados. La fuerza castellana se ve engrosada por unos 200 hombres y 50 caballos. Así mismo, Cortés envía otras dos expediciones en busca de más pertrechos, especialmente pólvora, cañones, caballos y soldados. Aprovechando los barcos que habían llegado, invitó a los disidentes castellanos a volver a Cuba y así quitarse algunos problemas del medio.

El siguiente movimiento de Cortés fue proteger sus sistemas de comunicación entre la Villa Rica de la Vera Cruz y Tlaxcala. Para ello, envió a Sandoval con 200 soldados, 12 ballesteros y 20 caballos para someter Zautla y Xalacingo, ciudades situadas a medio camino y con guarniciones méxicas. Tan solo ocho castellanos resultaron heridos y tres caballos muertos. La victoria en estas ciudades tuvo un efecto adicional, ya que varias ciudades antes vacilantes en cuanto a su lealtad  pidieron la paz a cambio de convertirse en vasallos de Carlos V. La fama de Cortés le precede. 

Al emperador Cuitláhuac le sucedería su sobrino Cuauhtémoc, bastante querido por el pueblo y gran guerrero pese a su temprana edad de 25 años. Intentaría en vano buscar retener a sus tributarios ofreciéndoles ventajas fiscales durante un año. Pero la rápida sucesión de emperadores había desestabilizado los pilares en los que se asentaba el imperio. 

El 27 ó 28 de Diciembre de 1520 Cortés parte hacia Tenochtitlan con 10.000 guerreros sin haber terminado de construir los bergantintes. Planea asentarse en la ciudad de Texcoco, miembro de la Triple Alianza, y utilizarla como base de operaciones debido a su fácil acceso al lago. Los mexicas obstaculizan su aproximación, intentando retrasar lo inevitable. Cuando están acampados en Coatepec, ciudad que encuentran desierta, reciben unos emisarios del gobernante de Texcoco, Cucascacin, quien les ofrece su amistad. Sin embargo, no toda la población de Texcoco vio con buenos ojos la llegada de los españoles, dado que cuando llegan a la ciudad la encuentran prácticamente desierta puesto que su población había buscado refugio en Tenochtitlán. Los señores de Coatlichan, Huexotla y Atenco, tibutarios de Texcoco, juran fidelidad a Carlos V, al tiempo que entregan a Cortés embajadores mexicas que tenían retenidos como muestra de buena voluntad.

Cortes deja 350 castellanos bajo el mando de Sandoval en Texcoco y se dirige con 200 castellanos (18 jinetes, 10 arcabuceros y 30 ballesteros) y 3000-4000 aliados a la costa sur de la laguna para continuar cercenando la red tributaria de Tenochtitlán. Al llegar a Iztapalapa (a unos 30km de Texcoco) se enfrentan a guerreros méxicas. Éstos, al ver lo desesperado de su situación deciden inundar la ciudad para ahogar a los castellanos. Rompieron la calzada de Nezahualcoyotl y dieron paso al agua salina del lago Texcoco a la laguna de agua dulce sobre la que se asentaba Iztapalapa. Sin embargo, los castellanos entraron y saquearon la ciudad de todas formas, para abandonar la ciudad antes de que el agua les impidiera la retirada. Tan solo murió un conquistador, y Cortés se retiró a Texcoco abriéndose paso peleando. Los méxicas creían que estaban ganando, puesto que los castellanos nunca se retiraban de una posición ganada.

A pesar de esta “derrota”, los señores de Otumba, Tepecoculuco y Mixquic para pedir perdón y convertirse en vasallos de Carlos V a cambio de la protección castellana. Otras ciudades, como Coatlinchan, alegaron que los méxicas les amenazaban por haber cortado maíz para los castellanos. Cortés envió pequeñas unidades de 50 tlaxcaltecas y un par de castellanos para proteger los campos. Chalco y Tlamanalco querían hacer las paces, pero no podían al haber guarniciones méxicas en sus ciudades. A tal efecto, Cortes envió a Sandoval y Francisco de Lugo con unos 200 castellanos y otros tantos aliados para eliminar a las guarniciones méxicas, cosa que consiguieron con pocas bajas. La posición de Chalco era de extrema importancia para Cortés, puesto que aseguraba la línea de comunicación con la costa pasando por Tlaxcala, desde donde llegaba un reguero de refuerzos, bastimentos y pólvora. 

Mientras tanto, Cuauhtémoc no se mantuvo ocioso y reforzó las defensas de Tenochtitolan: excavo zanjas y trincheras, aumentó el arsenal de flechas y lanzas (inlcuso usando las espadas capturadas a los castellanos), clavó estacas en el lago para inmovilizar los posibles barcos castellanos, y buscó nuevas alianzas y apoyos. También castigó ciudades que apoyaban a los castellanos, con lo que consiguió hacerse con dos ciudades para su causa. Sin embargo, Cortés con 200 soldados y dos cañones sometió de nuevo a estas dos ciudades que pronto pidieron perdón y firmaron la paz.

A finales de enero de 1521 los bergantines estaban listos, y Cortés envió a Sandoval para que se encargará de transportarlos hasta Texcoco. En el camino dio un castigo ejemplar en Calpulapan, ciudad que tendió una emboscada y acabó con 45 castellanos el año anterior. Los barcos serían transportados por piezas por 8000 tlaxcaltecas, junto a otros 2000 que llevarían alimentos, todos bajo el mando de Chichimecatecle. Formarían una larga fila de 10km de largo, que llegaría a Texcoco el 15 de Febrero. Allí se cavaron canales para poder reconstruir las naos sin peligro de ataques por parte de los méxica desde la laguna.

Tras 15 días, Cortés vuelve a Texcoco luchando constantemente contra unos desorganizados méxica, donde los bergantines ya se están ensamblando. Al llegar a Texcoco, se encuentra con nuevas ofertas de vasallaje de otras ciudades norteñas como Tuzapan, Maxcalzingo y Nauhtla. Sin embargo, Cortés no podía satisfacer sus demandas de apoyo, pues sus hombres estaban agotados. Cortés considera que Tenochtitlán está lo suficientemente débil y el 27 de marzo cortés envía un ultimatum exigiendo su rendición. Como respuesta, los mexicas organizan un gran ataque sobre Chalco. El 4 de abril Cortés deja Texcoco con 25 jinetes, 300 soldados, seis cañones de campaña y todos los aliados tlaxcaltecas. Los méxicas atacan la horda de Cortés sin resultado y se refugian en Xaltocan, un pueblo situado en una isla que pretendían proteger destruyendo la calzada que lo unía a Tenochtitlán. Sin embargo, gracias a unos foráneos, Cortés supo de una vieja calzada a través de la cual asaltó el pueblo. Al día siguiente saquearon la capital de la provincia, Guautitlán, cuya población había huido. Lo mismo ocurriría en Teneyuca y Azcapotzalco (antigua capital tepanaca).

En Tlayacapan los castellanos son rechazados en un ataque, pero al segundo día se hacen con la victoria. De regreso a Texcoco Cortés somete varias ciudades, como Oaxtepec, Yauhtepec y Xilotepec. Toman Teputzlan a pesar de las calzadas destruidas. En Xochimilco matan al caballo de Cortés y este cae, pero irónicamente consigue salvarse gracias al afán de los méxicas por capturarle vivo. Tras una dura lucha durante tres días, la ciudad es arrasada. Más tarde llegan a Coyoacan, donde se encuentran con una ciudad desierta: sus habitantes habían huido a Tenochtitlan.

Al quinto día de la salida de Texcoco, llegaron a Tacuba, el tercer (y más débil) miembro  de la Triple Alianza. Allí les plantan cara los tepanacas, pero no logran impedir que los castellanos entrar en la ciudad, donde los tlaxcaltecas se dedican a incendiarla. Durante los días siguientes, Cortés tratará de avanzar por la calzada que parte de Tacuba hacia Tenochtitlan, más los únicos avances que consigue son repelidos por escaramuzas méxicas que inundan la laguna con docenas de canoas. Cortés confía en que los bergantines, una vez listos, cambien la situación.

Finalmente llegan a Texcoco extenuados. Allí Cortés da fin a una conspiración que planeaba asesinarlo capitaneada por Antonio de Villafaña y otros seguidores de Pánfilo Narváez. Por otro lado, llegó una séptima expedición bajo el mando de Rodrigo de Bastidas, que trajo consigo 200 hombres, 60 caballos y numerosos arcabuceros y pólvora.

Asalto a Tenochtitlan

El 28 de Abril de 1521 se botan los 12 bergantines. Al final fueron más grandes de lo esperado (17 metros) y podían transportar entre 25 y 30 hombres. Cada una llevaba un cañón de bronce en la proa, salvo la nao capitana que llevaba uno de hierro. Todos eran de fondo plano y la mitad tenía un mástil y la otra mitad dos. Tendrían una gran semejanza a barcos romanos, al parecer.

Cortes convoca a todos sus aliados, incluyendo tlaxcaltecas, huexotzingas, cholultecas, chalcas, tamanalcos, acolhuas, etc. Forma un ejército quizás de 50.000 guerreros (las crónicas exageran los números entre 150.000 y 500.000 hombres), con Ixtlilxochitl al mando de los texcocanos y Chichimecatecle al mando de los tlaxcaltecas. A estos se sumarían los castellanos: 90 jinetes, 120 ballesteros y arcabuceros, 700 infantes, 3 cañones grandes de hierro y 15 pequeños (en los bergantines). No obstante, los conquistadores cuentan con poca pólvora.

El 10 de mayo el inmenso ejército hispanoindígena se dirige a Tenochtitlán. Cortés dividió sus fuerzas en cuatro grupos: tres terrestres y uno marítimo, éste último bajo su mando. Los terrestres estarían comandados por Alvarado, Sandoval y Olid. Cada uno tenía bajo su mando a 25-30 jinetes, 15 ballesteros y arcabuceros, 150 infantes y numerosos aliados. Cortes contaría con 300 soldados: 25 soldados y 6 ballesteros/arcabuceros por nao. Al parecer una de las facciones tlaxcaltecas, liderada por Xicotenga, intentó boicotear la misión y el líder fue ahorcado para dar ejemplo. 

La estrategia inicial de la coalición hispanoindígena sería ocupar las calzadas principales mientras Cortés se hacia con el control de la laguna con ayuda de las naos. Alvarado recibe la misión de controlar la calzada de Tacuba, Olid la de Tepeayac y Sandoval la de Iztapalapa. Una cuarta calzada se dejaba libre por si los mexicas se rendían y decidían huir.

El 22 de mayo de 1521 comenzarían los movimientos del asalto, empezando por establecer cabezas de puente en las calzadas. La misión de Olid y Alvarado es cortar el suministro de agua potable. A pesar de la fuerte oposición mexica, finalmente consiguen destruir el acueducto que llevaba el agua desde Chapultepec. Sin embargo deciden no continuar su ataque hasta que Cortés llegue a la laguna y Sandoval ocupe la calzada de Iztapalapa. 

El 1 de Junio Cortés alcanza el lago con sus bergantines donde debe hacer frente a 4000 canoas mexicas que dirigen a las naos castellanas hacia estacas ocultas en el fondo del lago cuyo objetivo es encallarlas. Tras tomar Tepepolco rechaza un ataque de 500 canoas y queda dueño de la laguna. El siguiente movimiento de Cortés fue dirigirse a la fortaleza de Xoloc, donde vencieron a los méxica allí reunidos. Para reforzar los ataques terrestres Cortés decide cambiar de táctica y reparte los bergantines entre los tres ejes de ataque: cuatro para Alvarado, seis para Olid y dos para Sandoval. En varias ocasiones se usaron como pontones para atravesar las calzadas que presentaban zonas destruidas.

Cuauhtémoc organizó la defensa de la ciudad en varios grupos: uno se encargo de la calzada de Tepeyac (la que dejaron libre los castellanos), otra se posicionó en la calzada de Tacuba, otro en Acachinanco y un último grupo se organizó como previsión frente a un desembarco de los bergantines. En todos los frentes trataban de dificultar los movimientos de los castellanos destruyendo las calzadas. Los pocos aliados que le quedaban a Tenochtitlán incluían las ciudades Culhuacan, Izapalapan, Huitzilopochco, Mexicatzinco, Cuitláhuac y Mizquic. 

En su avance, Cortés pide refuerzos a Olid, que envía 50 infantes, media docena de jinetes y 15 ballesteros a Xoloc. Allí les atacan los méxica, pero con ayuda de cuatro bergantines les hacen retroceder por la calzada, alcanzando las primeras casas de Tenochtitlan, que incendian. Olid transfiere su cuartel general a Xoloc. Las semanas siguientes fueron muy duras, puesto que los mexica se adaptaron a un nuevo método de combate: por el día los aliados españoles cerraban las brechas de las calzadas con escombros para poder avanzar. Pero tras acercarse a la ciudad y quemar algunas casas se retiraban a Xoloc. Por la noche, los mexica volvían a excavar zanjas en la calzada. De tal gaita, apenas hubo avances.

Los mexicas aprovecharon la calzada que Cortés dejo libre para que huyeran, para introducir alimento en la ciudad. Cortés tomó nota y envió a Sandoval para que cortarse el paso y cerrase totalmente el cerco a Tenochtitlan. Esto daba comienzo a lo que más temía Cortés: sin una vía de retirada, Tenochtitlan sería totalmente destruida.

Ante la escasez de avances, se buscan otras estrategias. El 10 de Junio Cortés organiza un ataque coordinado y establece como punto de reunión la plaza mayor o el templo de Axayácatl (donde tuvieron su cuartel general en 1520). Consiguen llegar hasta la mismísima plaza. Con la ayuda de la caballería consiguen ocupar el recinto del templo, pero al anochecer se retiran debido al elevado número de enemigos. Sandoval y Alvarado no llegaron tan adentro. Los bergantines fuerzan el bloqueo para impedir cualquier entrada de comida, pero los méxicas consiguen cazar dos, el de Pedro Barba y Juan Portillo.

La gran fuerza de Cortés recibe a un nuevo aliado, el principe Ixtilxóchitl de Texcoco y sus 50.000 guerreros (cifra de nuevo probablemente exagerada). Esto tuvo un importante impacto en la moral mexica dado que las casas reales de Texcoco y Tenochtitlán estaban emparentadas, al igual que muchos habitantes de ambas ciudades. 

El 15 de Junio se repite un ataque similar, pero los castellanos se vuelven a retirar al alba del día siguiente. Cortés, que en un principio quería obtener la ciudad intacta para entregársela como “una joya” a Carlos V cambia de opinión. La única opción para someter a los méxicas es arrasar  Tenochtitlan. La nueva estrategia consistirá en entrar cada día y destruir todas las casas posibles para evitar que los mexicas las puedan volver a usar como parapeto. Día tras día, Cortés y sus hombres entran en la ciudad y arrasan varios puntos para ir doblegando a los defensores de Tenochtitlan, para retirarse a la noche por miedo a verse copados. La danza sigue, y cada noche se excavaban nuevos huecos en la calzada para ser rellenados de nuevo al día siguiente.

A pesar de los avances, los castellanos se encontraron con algunos contratiempos: Alvarado tuvo que retirarse de forma desordenada a su real en Tacuba, cayendo capturados varios castellanos vivos que serían sacrificados después. Por otro lado, un bergantín quedó encallado por los obstáculos del lago y fue fácilmente asaltado.

Mientras Cortés atacaba Tenochtitlan, sus aliados chalas se habían encargado de presionar las ciudades ribereñas favorables a Tenochtitlán. Finalmente estas se ponen del lado de Cortés, quien les perdonó a cambio de sus guerreros y sus miles de canoas, que pasaron a engrosar el ejército asediante. Ahora los pesados y lentos bergantines castellanos se vieron reforzados con tres mil ágiles canoas. 

El 23 de Junio, los castellanos dominan ya la mitad de Tenochtitlan, y los tres ejércitos (el de Cortés, Sandoval y Alvarado) están a punto de converger.  Sin embargo, la resistencia mexica continua de forma notable, manifestación de su magnífica educación colectiva militar. En estos días el centro de poder en Tenochtitlan había cambiado hacia la vecina ciudad de Tlatelolco (unida prácticamente a Tenochtitlan), donde se refugió el ejercito méxica. Cuauhtémoc había renunciado a administrar el imperio, a favor de Tlatelolco. Esto hizo pensar a los Tlateloltecas que había llegado su momento de gloria, y lucharon con mayor fervor.

Asalto final

El 30 de Junio Cortés lanzó un tercer ataque combinado para conquistar el mercado de Tlatelolco, plan al que se oponía en un principio por el riesgo que suponía. Para ello, Cortés dividió su ejército en tres columnas que pasarían por distintos puntos. Alvarado avanzaría desde el oeste con su ejército y Sandoval desde el norte. La idea era establecer un real en el mercado de Tlatelolco.

Una de las columnas del ejército de Cortés, al mando de Alderete, cometió el error de no rellenar bien un hueco en la calzada por la que pasó (o bien fue abierta de nuevo por un comando méxica). Esto se tradujo en una derrota de los Castellanos al no poder retirarse, que perdieron 70 hombres (50 fueron capturados para sacrificarlos), 2000 aliados, un cañón y un bergantín. Por segunda vez Cortés fue derribado, pero las ansias de capturarlo vivo le permitió salir, una vez más, con buen pie. Por otro lado, las fuerzas de Sandoval y Alvarado avanzan muy lentamente debido a la presión méxica.

Tras la derrota de Alderete los méxicas sacrifican a los prisioneros en lo alto del templo de Tlatelolco, espectáculo que tuvieron ocasión de ver los impotentes castellanos: subían a los prisioneros desnudos a base de palos y patadas para arrancarles el corazón y después tirar el cuerpo escaleras abajo, donde aguardaban unos carniceros para cortarles los brazos y piernas y clavar sus cabezas en picas.

Ante el dramático contratiempo, los castellanos se retiran a sus respectivos reales. Este revés tuvo una importante consecuencia dado que muchos de los aliados de Cortés se retiran ante el aparente resurgimiento mexica, especialmente los habitantes de las ciudades del lago. Durante cuatro días los castellanos se refugian en sus reales, escuchando el griterío y festejos de los sacrificios. Cuauhtémoc aprovechó la ocasión y envió emisarios a lo largo de su imperio con cabezas desolladas, manos y pies de cautivos y cabezas de caballos. Aseguraba que habían destruido la mitad del ejército castellano, y que la otra mitad estaba herida.

Cortés recibe una petición de ayuda de Cuernavaca, donde envía a Andrés de Tapia con 80 soldados y 10 caballos, quien se asegura de mantener la lealtad de Cuernavaca hacia la corona española. De manera análoga Sandoval va en ayuda de los Otomies, derrotando a los enemigos de éstos.

Sin embargo, Cuauhtémoc no supo aprovechar del todo la derrota castellana. A mediados de julio empezaron a volver los aliados al abrigo de los españoles, e incluso una fuerza independiente de tlaxcaltecas bajo el mando de Chichimecatecle asaltó Tenochtitlan y capturó un puente, para retirarse a la noche (como hacían los castellanos). Esto significaba que las tornas volvían de nuevo a estar al favor de los castellanos.

Pronto se reanudaron los ataques castellanos al interior de la ciudad, y a repetirse la dinámica de excavar zanjas y rellenarlas después. Sin embargo, los mexica ya no eran tan eficientes en esta tarea, posiblemente debido al agotamiento del asedio. Pronto, los méxicas dejaron de cavar zanjas. Se les agotaba el alimento y el agua disponible, y por encima de esto: se reducía el número de hombres disponibles (tanto que se llegó a armar a las mujeres como guerreros, cosa antes impensable). Cortes es consciente de esto y trata de buscar la paz, pero en un intento de llegar a un acuerdo los méxicas intentan jugársela

Llegan algunos refuerzos castellanos desde la Villa Rica de la Vera Cruz y consiguen nuevas reservas de pólvora (Francisco de Montano subió a un volcán cercano a por azufre). Las victorias castellanas se acumulan una tras otra, reduciendo a los mexica al reducido área de la ciudad comerciante de Tlatelolco. El 24 de Julio despejan por completo la calzada de Tacuba, y Cortes queda comunicado con Sandoval directamente por tierra. El 27 de Julio Alvarado conquista la plaza de Tlatelolco, colocando el estandarte de Cortés (cruz azul sobre fondo amarillo) en lo alto del templo. Siete octavos de la ciudad ya eran castellanos. Sin embargo, los méxicas seguían dispuestos a ver su ciudad arrasada antes que rendirse, y no cejan en sus ataques, algunos difíciles de contener. Los españoles se verían pronto de nuevo escasos de pólvora. Trataron de hacer una catapulta, pero no dió resultado.

Cuauhtémoc ante la situación nombró “Tecolote de quetzal”, algo así como un héroe, a su padre Ahuizotl. Vestido totalmente de plumas causó gran impresión en los castellanos y envalentonó a los méxica. Este héroe capturó a tres aliados castellanos, que fueron sacrificados. No se le volvió a ver.

Cortés volvió a intentar firmar la paz, pidiendo audiencia con Cuauhtémoc. Sin embargo, éste no aparece. Envia a cinco indios que no dan más que largas. Hastiado, Cortés lanza otro ataque contra las últimas defensas méxica. Al parecer, los castellanos intentaron contener la carnicería de sus aliados, pero no lo consiguieron (?). Se dice que ese día murieron 40.000 méxicas.

Cuauhtémoc se reunió con sus más altos consejeros: el cihuacoatl Tlacotzinm el tlillancalqui Perlauhtzin, el uiznahiatl Moletichiuh, el tlacochcalcatl Temuiltzin y el juez supremo Aulelicotzin. Se decidió seguir luchando, pues al octogésimo día vencerían. Cuauhtémoc abandonó la ciudad temporalmente para llegar a la otra orilla del lago, quizás a Azcapotzalco, donde organizar de nuevo los ataques contra los castellanos.

El 13 de Agosto de 1521 Cortés organizó un ataque a los restos de Tlatelolco: Olid (con los hombres de Cortés) y Alvarado entrarían en las ruinas de la ciudad para empujar a los mexica a las orillas del lago, donde esperaría Sandoval con 8 bergantines. Murieron miles de almas. Juan de Mansilla capturó al emperador y al rey de Tacuba que intentaban huir en canoa junto a otros altos dignatarios. Tras setenta y cinco días de asedio, y con 150.000 guerreros acercándose por las calzadas y tres mil canoas y media docena de bergantines en la laguna, finalmente la ciudad de Tenochtitlán había caído. 

Tenochtitlan quedó totalmente destruida, llena de cadáveres y de escombros. Los supervivientes tuvieron permiso de Cortés para dirigirse a otras ciudades del lago, atestando las calzadas que salían de Tenochtitlan. Los españoles ahora buscaban oro, y no dejaron de atosigar a los refugiados en busca de él. Lo único que consiguieron fue mujeres, que se entregaban a cambio de un poco de comida. Cortes abandonó Xoloc y se instaló en un palacio de Coyoacan, donde estableció el gobierno provisional. Sin perder tiempo y dar el golpe de gracia al imperio méxica, Cortés envió nuevas expediciones a Tututepec (bajo el mando de Alvarado), Oazaca (bajo el mando de Sandoval) y a Michoacan (bajo el mando de Olid).

Para los nativos la Conquista fue una lucha india por el poder. Los descontentos vasallos de Tenochtitlan aprovecharon la llegada de los castellanos para conseguir su independencia, de la misma forma que un siglo anterior habían hecho los mexicas al independizarse de los tepanecas de Azcapotzalco. Los mayores beneficiados seguramente fueron  los tlaxcaltecas, quienes no tardaron en reclamar a Carlos V las mercedes prometidas, utilizando por ejemplo el Lienzo de Tlaxcala. Este códice recoge la conquista desde el punto de vista Tlaxcalteca, resaltando su contribución y obviando la de otros pueblos aliados de Cortés, e incluso representando su pronta aceptación del cristianismo si bien esto no ocurría hasta muchos años después (Bueno Bravo, 2015).

Bibliografía y lecturas recomendadas:

AGUILAR-MORENO, M (2007). Handbook to Life in the Aztec World. Edition: 2, illustrated. Oxford University Press US.
BUENO BRAVO, I (2015). Los aliados de Cortés en la Conquista de México. Revista de Historia Militar, 118 (2015), pp13-42.
HASSIG, R (1995). Aztec Warfare: Imperial Expansion and Political Control. Edition illustrated. University of Oklahoma Press.
HEATH, I. (1999). Armies of the Sixteenth Century: Armies of the Aztecs, the Incas, other native peoples of the Americas and Spanish America, 1450-1608. In: Capítulo 2, Mesoamerica c. 1450-1600. Foundry Books. pp 52-55.
MARTÍN GÓMEZ, P (2001). Hombres y armas en la conquista de México (1518-1521). Almena.
SÁNCHEZ ALBARRÁN, ALEJANDRO (2016). La Conquista de México desde el punto de vista azteca. Trabajo fin de grado. Universidad de Cádiz.
THOMAS, H (2007). La conquista de México. Editorial Planeta.

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