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19ene/120

El ejército Tlaxcalteca

Durante el siglo XVI, frente al poder expansionista de la triple alianza (Tenochtitlán, Tacuba y Texcoco) se oponía un grupo de pueblos del valle de Puebla-Tlaxcala (Tlaxcala, Atlixco, Cholula, Tliliuhquitepec y Huexotzingo). Aún sin ser conquistados, vivían en un asedio constante rodeados completamente por tierras tributarias a Tenochtitlán. Metafóricamente, habitaban una isla rodeada por un mar de macanas y dardos méxicas. Por ello iban alimentando paulatinamente, pero sin pausa, un intenso odio contra los asediantes, el cual encontró rápidamente una vía de escape con la llegada de Cortés, con quién no dudan en aliarse. El estado o pueblo más importante era el de Tlaxcala (“pan cocido”), formado por una liga de 28 ciudades gobernadas desde cuatro capitales (Ocotelolco, Quiahuiztlan, Tepeticpac y Tizatlan), o barrios según Gómara, cada una dirigida por un tlatoani. Siendo la más importante la primera, gobernada por Maxixcatzin. La existencia de esta “isla enemiga” en el interior del imperio mexica tiene lógica dentro de la cosmovisión mexicana. Para que los engranajes de su religión y sociedad abierta funcionaran, y los plebeyos pudieran ascender en la jerarquía social, se requería la sangre de enemigos capturados. Y el cada vez más grande imperio tenochteca tenía que desplazarse a mayores distancias para encontrar tierras enemigas donde obtener prisioneros, lo cual además no aseguraba una victoria, ya que por ejemplo los chichimecas del norte eran bastante superiores militarmente gracias a sus armas de cobre. Por ello, tener este “criadero” dentro de su imperio les aseguraba una vía sencilla para obtener sus ansiados prisioneros en las llamadas guerras floridas.

A pesar de ser férreos enemigos de los dueños del valle de México compartían una cultura prácticamente idéntica, incluida la organización militar. Aún privados de muchos recursos debido al bloqueo comercial (por ejemplo, carecían de algodón), contaban con un poderoso ejército rival de las hordas mexicanas. En la segunda década del siglo XVI, cuando Moctezuma II decide conquistar de una vez por todas Tlaxcala, sufre un tremendo descalabro al perder su ejército a manos de los acérrimos tlaxcaltecas. La llegada de los españoles impide que los mexicas continúen su guerra de conquista y pasan a desarrollar otro tipo de guerra que les era bastante desconocida, una guerra defensiva. Y este cambio de roles supuso otra permuta, ahora los tlaxcaltecas iniciaban su ansiada y esperada ofensiva. El intenso odio acumulado por los tlaxcaltecas podría explicar las matanzas tan criticadas a los españoles en Cholula y el Templo Mayor durante la fiesta de Toxcatl, quienes habrían incitado a los españoles a desencadenar tales masacres. No obstante, siendo justos, aquellos españoles de origen humilde y deseosos de hacerse un nombre a base de oro, tampoco habrían necesitado un empujón demasiado fuerte. Francisco López de Gómara, tras su encuentro contra Cortés en 1519, los describe así:

Era gente muy luzida, y bien armada, fegun ellos vfan. Aun que venían pintados cobixa y xagua, que miradolos al gefto parecían demonios. Trayan grandes penachos, y capeauan a marauilla. Trayan hondas, varas, lanças, efpadas, que aca llaman bifarmas, arcos y flechas fin yeruas. Trayan afsi mifmo cafcos, braçaletes, y greuas de madera, mas doradas, o cubiertas de pluma o cuero. Las coraças eran de algodón. Las rodelas y broqueles muy galanos, y no mal fuertes. Ca eran de rezio palo, y cuero, y con laton y pluma. Las efpadas de palo, y pedernal engaftado en el, que cortan bien, y hacen mala herida. El campo eftaua repartido por fus efquadrones, con cada muchas bozinas, caracoles, y atabales, que cierto era bien de mirar. Y nunca Efpañoles vieron junto mejor ni mayor exercito en Indias, defpues q las defcubrieron (Gómara, 1554. pp 75-76).

La jefatura del ejército recaía sobre un destacado capitán bajo las órdenes de uno de los cuatro dirigentes de las capitales tlaxcaltecas, además de otros tantos capitanes menores. En cualquier caso, existía cierta libertad de acción en las demás ciudades y esto explica por qué en el primer contacto con los españoles se presentó un ejército Otomi de la ciudad de Tecoac sin conocimiento de los máximos dirigentes. Por otro lado, el comandante en jefe era al mismo tiempo el portador del pendón y se situaba en la retaguardia del ejército. Cuando acaba la batalla clavaba el pendón en un lugar visible y aquel que no mostrase respeto era castigado. Además, existía cierta ceremonia a la hora de combatir:

Tienen dos faetas, como reliquias de los primeros fundadores, que lleuan a la guerra dos principales capitanes, valientes foldados. En las quales aqueran la vitoria, o la perdida. Ca tiran vna dellas a los enemigos q primero topan. Si mata, o fiere, es feñal que vencerán, y fino que perderan. Afsilo dezian ellos, y por ninguna manera dexan de cobrarla (Gómara, 1554. pp 87-88).

Según Bernal Díaz del Castillo existía cierta uniformidad, encontrando incluso unidades exclusivas de lanceros o arqueros, con distintivos particulares según la partida de guerra. Por ejemplo en la batalla de Tehuacingo (1519) el rojo y blanco eran los colores dominantes. Es más, cada compañía, jefe e incluso región podría contar con su propia librea:

(…) y cada capitania con su divisa y librea, porque cada Cagique ansi las tenían diferenciadas como En nra castilla tienen los duques e condes (…) (Diaz del Castillo, 2010).

El uniforme normalmente estaba hecho de fibra de maguey (henequen) con un relleno vegetal confiriéndole un aspecto acolchado y en menor medida de algodón conseguido por estraperlo (no había algodón en sus tierras y los mexicas les tenían impuesto un bloqueo comercial). Podía ser de medio cuerpo y propio de las clases bajas, llamado ichcahuipilli, o de cuerpo entero y propio de nobles y veteranos, llamado tlahuiztli. Normalmente estaban ricamente pintados y decorados. Los capitanes también podían llevar una falda o capa llamada ehuatl con bandas, flecos y plumas de distintos colores. Como era común en todas las culturas mesoamericanas, solían decorarse la cabeza con plumas de diversas aves y colores. Lo más normal era una banda bicolor entrelazada roja y blanca con tres plumas blancas, a veces acompañadas de pequeñas hileras de plumas de garza. Gracias a esta banda bicolor los españoles eran capaces diferenciar a sus aliados tlaxcaltecas de sus enemigos tenochtecas. Unas plumas más grandes indicaban que el portador era un noble, mientras que el cacique estaría coronado por plumas de quetzal, las más valoradas. Los plebeyos normalmente iban descalzos, pero los nobles usaban unas sandalias de cuero fijadas por correas que a veces cubrían hasta la rodilla a modo de espinilleras.

Los nobles o veteranos solían llevar el pelo largo o incluso al estilo temilotl (una especie de moño justo en la parte superior de la cabeza). Además es probable que al igual que los mexica se organizaran en unidades de elite de carácter zoomórfico, ya que los lienzos y códices que nos han llegado revelan a guerreros con cascos de madera o cuatepoztli con la forma de la cabeza de un águila, león o jaguar. Quizás menos importantes habría representados otros animales, como el caimán, ciervo, garza, puma, pato, etc. Destacan especialmente los guerreros coyote o toxcoyotl (“cara coyote”). Normalmente su uniforme o tlahuiztli era de color amarillo, aunque el Códice Matritense revela bastante variedad de colores, probablemente siendo indicativo de estatus social: tlapalcoyotl (“coyote rojo”), tlecoyotl (“coyote de fuego”, con el tlahuiztli decorado con plumas rojas de guacamayo a modo de llamas), citlalcoyotl (“coyote tachonado de estrellas”, de plumas negras con algunas blancas dispersas), tlilticoyotl (“coyote negro”, de plumas negras de pavo), itzacoyotl (“coyote blanco”), tozcoyotl (“coyote de plumas amarillas de loro”) y xiuhcoyotl (“coyote azul”).

En cuanto al armamento, era exactamente el mismo que el méxica. Pero una diferencia bastante importante era un mayor uso del arco, especialmente por los guerreros Otomi.  De hecho, Sahagún en sus crónicas menciona que los arqueros tlaxcaltecas al servicio de Cortés eran Otomi. Los escudos o chimalli serían idénticos a los de sus archienemigos méxicas, hechos de fibras de maguey sobre una base de cañas y normalmente con una falda de cuero o tela y decorados con plumas. Además, compartían la misma simbología o heráldica, donde de nuevo el emblema más habitual era la serpiente emplumada. A razón de esto, al comienzo de artículo he recogido nuevos escudos que no publiqué en entradas anteriores. Entre ellos se puede observar una variante del macpallochimalli (“escudo de mano”), poztequichimalli (“escudo hendido”, a dos colores) o el tozmiquitzyochimalli (“escudo de la cabeza de muerte de plumas amarillas de loro”). Para más información sobre el ejército méxica o azteca podéis echar un vistazo a estos dos artículos: El ejército mexica I y El ejército méxica II.

Bibliografía

CÓDICE MATRITENSIS O DE BERNANDIDO DE SAHAGUN: enlace
DIAZ DEL CASTILLO, B (2010). Historia Verdadera de la Conquista de la Nueva España. Tomo I. Cambridge University Press.
GÓMARA, F. L. (1554). Historia de Mexico: con el descvbrimiento dela Nueua España, conquistada por el muy illustre y valeroso principe don Fernando Cortes, marques del Valle, Efcrita por Francifco Lopez de Gomara, clerigo. In: Capitulo: Que fe juntaron ciento y quarenta mil hombres contra Cortes. En cafa de Iuan Steelfio. pp 75-76.
HEATH, I. (1999). Armies of the Sixteenth Century: Armies of the Aztecs, the Incas, other native peoples of the Americas and Spanish America, 1450-1608. In: Capítulo 2, Mesoamerica c. 1450-1600. Foundry Books. pp 52-55.
OBREGÓN, M. A. O. (2011). La Guerra florida en el mundo azteca-mexica. In: Desperta Ferro, Historia militar y política de la antigüedad y el medievo nº 9. Desperta Ferro ediciones. pp 36-38

12nov/111

Como pintar el camuflaje británico “Caunter Scheme”

En Noviembre de 1940 el ejército británico especifica un nuevo camuflaje (General order 297) basado en un diseño disruptivo de tres colores conocido como “Caunter Scheme” y aplicado en muchos AFVs (como el Stuart M3 Honey y el Matilda II) y vehículos ligeros. El camuflaje consiste en una base de Portland Stone y líneas angulares con Silver Grey/Light Blue-Grey y Slate (pizarra)/Khaki Green. Para recrearlo encontré una marca de pinturas acrílicas, DOA paints, que vendía los tres colores ya preparados: Light stone, Silver grey y Slate (del más claro al más oscuro). La calidad de la pintura es bastante buena: cubren bien y son parecidas a las de Model air al aplicarse directamente sin diluir, pero el acabado es un poco satinado y eso que agité los botes a conciencia (quizás fuera del lote).  Lo solucioné cuando di las sombras y luces al mezclar estos colores con pinturas mate de Tamiya.

En primer lugar aplicamos el color base Light Stone por todo el carro y sin hacer ningún tipo de enmascarado. A continuación aplicamos las luces mezclando el color base con blanco. Como antes he indicado, mezclé estas pinturas con las de Tamiya y solucioné el problema del satinado. En mi caso he aplicado tres luces, cada vez con mayor proporción de blanco y siempre buscando los paneles con mayor incidencia de luz (teniendo en cuenta el foco de luz de consideremos). Para completar el color base solo faltaría aplicar una sombra. Un consejo a la hora de ensombrecer es olvidar que el negro es la panacea de las sombras, principalmente porque en la naturaleza el negro no existe, siempre son tonos derivados. Yo prefiero utilizar un marrón oscuro como sombra antes que el negro, ya que el gris que obtendríamos (al mezclar el color arena con negro) distaría mucho del color con el que estamos trabajando y podría desvirtuar el resultado. Hay que pensar que estamos trabajando con unas superficies muy pequeñas donde un ligero cambio de color, aunque limitado a una zona, puede comprometer el aspecto del conjunto.

Con esto, para las sombras mezclo el Light Stone con Marrón (X-9 de Tamiya) diluido generosamente con del disolvente de Tamiya. El objetivo de diluirlo tanto es que al aplicarlo solo quede una fina capa que apenas cubra, de tal manera que podemos jugar con el número de capas, y por ende, con la intensidad final. No obstante, el problema de diluirlo tanto es la posibilidad de generar “patas de araña” (típico de una pintura diluida en exceso). Por ello, es recomendable antes de pintar nuestra pieza practicar en un papel o servilleta y comprobar que la dilución es la correcta. Este problema también se puede solucionar bajando la presión de salida de nuestro compresor. A continuación podemos repasar aquellas zonas en las que nos hemos pasado con el color base y la mezcla de la última luz (en mi caso cada mezcla la hago en un vasito de tal manera que si tengo que repasar algo no pierdo ningún tono con los que he estado trabajando).

Ahora aplicaremos el segundo tono para lo cual tendremos que enmascarar el vehículo. Cuando enmascaremos tenemos que pensar en negativo, es decir, que aquello que estamos cubriendo es lo que NO pintaremos con el nuevo tono (y aquí habla la voz de la experiencia). En mi caso he utilizado una cinta de 1cm de Tamiya, pero la cinta de carrocero es una alternativa muy barata. La idea es pintar con el nuevo color prácticamente la mitad del vehículo: en los laterales el corte será en diagonal y en la parte superior alberga casi todo el carro hasta la rejilla del motor trasera, incluida esta (para discernir que parte debe pintarse, mejor mirar las fotos). El color Silver Grey del pack de esta marca me pareció demasiado claro cuando lo apliqué, por lo que decidí mezclarlo con su hermano más oscuro, el Slate. Esta mezcla 1:1 me pareció mucho más adecuada y fácil de iluminar (el otro tono al ser tan claro apenas podría llevar una luz). Con esto, aplique un par de luces añadiendo blanco al color base y como sombras mezclé el Slate con un poco de negro. En este caso estamos trabajando con un gris, luego el negro es la opción más clara. En el caso de la torreta, solo hará falta enmascarar la segunda pieza del cañón.

Finalmente resta el color más oscuro, el Slate, que en este caso solo irá en la parte superior de la torreta. Para ello, tendremos que enmascarar toda la torreta y solo dejar al descubierto esta zona. Al igual que en el caso anterior, aplico un par de luces añadiendo blanco y una sombra con un poco de negro. Sin embargo, el resultado del camuflaje no fue el esperado, ya que el color intermedio y éste ultimo apenas difieren. Probablemente habría sido recomendable añadir un poco de negro al Slate para oscurecerlo, no como sombra, si no como color base. Finalmente, ya “solo” falta por aplicar las calcomanías y los detalles y el desgaste.

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1nov/111

Como pintar fallschirmjägers (Ardenas)

Hace unos meses publiqué un tutorial para pintar paracaidistas americanos y británicos de la segunda guerra mundial. Hoy le toca el turno a los paracaidistas alemanes –o como son llamados en su tierra, fallschirmjägers–, aprovechando unas miniaturas en 15mm de Forged in Battle que he estado pintando. A lo largo de la segunda guerra mundial los fallschirmjäger combatieron  en varios frentes, desde Creta (última acción alemana aerotransportada), hasta las Ardenas y pasando por Italiay Normandia. Pero en este tutorial solo me voy a centrar en un teatro, la batalla de las Ardenas, donde combatiría la 5º Fallschirmjäger Division (LXXXXV Cuerpo, Séptimo Ejército), aunque también es válido para las unidades que combatieron en Normandia. Además, hace tiempo publiqué una entrada donde daba algunas indicaciones para pintar paracaidistas alemanes de la línea gótica (Italia).

Antes de ponerme a pintar las figuras lo primero que hice fue buscar algunas fotos de renactors por la red para cerciorarme de cómo son los auténticos colores del uniforme. Aunque tengo muchos libros de láminas, un dibujo las mas de las veces no transmite el color correcto, sino aquel que considera el artista. Por ello, la mejor opción es hacerse con una foto, ya sea de renactors (¡de época solo están en blanco y negro!) o del uniforme (asumiendo que después de 50 años ha podido perder el color). En conclusión, el uniforme de estos soldados estaría dominado por tonos verdosos, en comparación con el color terracota de los uniformes de Italia, aunque la guerrera llevaría el mismo camuflaje típico, el splinter o de “gotas de lluvia”.

Fallschirmjager flames of war

Para el casco y los pantalones,  de un tono verdoso oscuro, he elegido el camuflaje alemán verde oscuro (979, Vallejo). Cuidado de no confundir con el verde extra oscuro (896, Vallejo), ya que ambos son muy parecidos, pero este último es más grisáceo y apagado (lo digo por experiencia). Tras aplicar la capa base, aplico varias subidas añadiendo blanco mate. En el caso del casco, voy haciendo círculos concéntricos cada vez más pequeños. Para resaltar aún más el color aplico una sombra. Para ello mezclo el verde oscuro con un poco de negro y aplico la mezcla en los repliegues de los pantalones y en la base inferior del casco para destacar el reborde. Una vez pintado lo fácil, viene lo tedioso: la guerrera. Ya he comentado en varias ocasiones como recrear el camuflaje splinter, ¡así que no voy a aburrir al lector explicándolo de nuevo!.

En el caso de las cinchas y cartucheras (ya sean las fijadas en el cinturón o las que llevaban en los tirantes) he observado distintos colores: negro, beige, marrón e incluso unas con camuflaje incorporado. Al final me decante por el negro, por la sencilla razón de que si tengo una guerrera con tres colores (beige, marrón y verde) el negro sería el que más contraste daría, además de “poner un poco de orden” en aquel amalgama de tonos. Para iluminar el negro, en lugar de usar blanco, he usado rosa. ¡Con esto evitaremos que nuestro negro se convierta en gris!. En el caso del casco, a diferencia, he pintado las correas con marrón mate (984, Vallejo) e iluminado con marrón naranja (981, Vallejo). ¿Por qué aquí marrón y no negro?, debido a que en esta zona apenas hay tonos, y el negro a fin de cuentas “no dice nada”, solo nos da contraste a esta escala, comparado con un marrón que destaca bastante. Es importante jugar con estos matices para sacarle más partido a nuestra figura. Y por una razón parecida, la correa del fusil la he pintado con marrón chocolate (872, Vallejo) e iluminado añadiendo blanco.

A continuación, y no menos importante, vendrían los bártulos. Los soldados alemanes solían llevar normalmente tres: una marmita con escudilla, una bolsa del pan y la caja de la máscara antigás. De nuevo tenemos el problema de tener de fondo el camuflaje splinter, muy bonito con tanto color, pero que nos obliga a elegir correctamente un color para estos objetos para que destaquen. En mi caso, opte por un marrón oscuro (marrón chocolate), un grisáceo (verde alemán WII) y por un verde muy oscuro (verde extra oscuro), respectivamente, y en todos los casos sacando luces mezclando el color base con blanco. Finalmente, solo nos faltaría para terminar nuestra miniatura el fusil y la carne, pero ambas cosas ya las he explicado con anterioridad, así que de nuevo no voy a repetirlo. Y por si a alguien le interesa, la próxima entrada (cuya fecha se desconoce) será sobre como pintar el camuflaje caunter británico, típico de sus carros en África.

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26sep/110

Camuflaje invernal en 15mm (técnica de la laca)

En esta nueva entrada voy a intentar explicar cómo utilizar la “técnica de la la”, la cual me la enseño el maestro Jose Luis “Porta”, para recrear la pintura blanca que utilizaban los tanquistas para camuflar sus vehículos durante los meses invernales. Con objeto de conseguir camuflar los tanques en el blanco de la nieve, los tripulantes recurrían a una pintura blanca soluble con la que embadurnaban todo el vehículo. Al ser soluble, con la llegada de las lluvias de primavera la pintura empezaba a diluirse, dejando traslucir la pintura original y dando lugar a un entramado de desconchones y chorretones que se mezclarían con el propio desgaste que el vehículo ya acarrease.

En primer lugar hay que considerar la escala. El 15mm probablemente no sea el tamaño más apropiado para esta técnica, ya que el jugo se le saca precisamente a las superficies más amplias. Y esta escala nos ofrece pocas. Sin embargo, tenía ganas de probarla y el carro que ilustra el tutorial (miniatura de Forged in Battle) tenía llevar un camuflaje invernal. En definitiva, se juntó el hambre con las ganas de comer y aquí presento el resultado de mi experiencia, por si a alguien le sirve de provecho.

En primer lugar, tenemos que considerar el efecto que vamos a recrear: una capa blanca en primer plano desgajándose, dejando ver la pintura original del vehículo en segundo plano. Por lo tanto, lo ideal es buscar el mayor contraste entre el blanco exterior y el color interior. Sin duda, la mejor opción es usar un color oscuro, ya sea el gris en los Panzer alemanes; o el verde, en los aliados. Y esta regla es aún más importante a esta escala, para ganar contraste. En mi caso me vi cegado por el tritonal, que es el que más me gusta, y no hay excusa que valga…  Una vez elegido el color, pintamos el vehículo de forma habitual. No obstante, no es necesario trabajar excesivamente este color, ya que después el resultado quedará enmascarado por el blanco. Antes de continuar, lo ideal es barnizar el modelo para evitar posibles desgracias. En mi caso tiré una fina capa de barniz mate (Tamiya X-21) con el aerógrafo. Hay quien utiliza un producto americano, el FUTURE, a modo de barniz. En España, la alternativa podría ser una cera líquida para parquet y láminas, de Bosque Verde (3€ en el Mercadona). Si usamos estos productos es importante limpiar rápidamente el aerógrafo para evitar que se seque el líquido y nos lo obture. Por otro lado, al tratarse de faldones laterales de rejilla y no lisos, enmascaré todos para después aplicar el blanco a pincel seco (no me interesaba que el blanco quedará entre los huecos de la rejilla).

A continuación viene la gracia de la técnica: la laca. Para ello necesitaremos un bote de laca del super. Cualquiera vale, la más barata. La aplicamos en rápidas pasadas y cubriendo toda la superficie (no hace falta ahorrar, que es barata!). Si queda brillante, no os preocupéis, ya que en los siguientes pasos quedará mate. Es importante tener en cuenta que cuanta más gruesa sea la capa de laca (o si damos varias capas sobre la misma zona) más tendremos que trabajarla luego para descarnar la pintura blanca. Una vez seca, diluimos la pintura blanca (Tamiya XF-2) un 50% y rociamos de forma no uniforme el vehículo, incidiendo en las zonas menos expuestas. La idea de pintar de forma irregular es conseguir mayor variedad de tonos, lo cual se sumará a los efectos siguientes. El resultado final será la suma de todos los efectos que hemos aplicado, y cuantos más hayan sido, más riqueza daremos al resultado (aunque a veces conviene moderarse!).

Una vez este seco el blanco, con un pincel de cerdas rígidas (ej. pincel plano y corto), o incluso un cepillo de dientes (aunque en mi opinión, es demasiado abrasivo, y agua caliente vamos frotando la superficie. Cuanto más frotemos, más pintura blanca eliminaremos. Por lo tanto, dependiendo del efecto que queramos conseguir habrá que frotar con mayor o menos intensidad (ej. en mi caso quería representar el carro ya en plena primavera, cuando la pintura blanca comienza a ser historia y por ello frote con esmero). Otro factor que afecta a esta etapa es el grosor de la capa de laca que hayamos dado. Si ésta es muy gruesa, tendremos que frotar bastante y sin querer podemos pasarnos y haber eliminado demasiada pintura blanca. Una vez seca el agua que quede por la superficie, deberemos resaltar las zonas más expuestas con pintura blanca ligeramente diluida. Para ello, con un pincel fino vamos aplicando un perfilado en blanco por todos los recovecos. En este punto tuve mis dudas, ya que con este perfilado perdemos bastante contraste, ya que no resaltamos los detalles del vehículo. Y a esta escala, es una importante pérdida. Al final no aplique ningún perfilado oscuro, pero aún albergo las dudas y es posible que lo retoque.

Finalmente, faltan los toques de envejecimiento: desconchones, chorretones y los bajos del vehículo. Para los desconchones utilicé la técnica de la esponja, ya explicada en otros tutoriales del blog. Lo único es que ahora uso directamente el color oxido oscuro (302, Vallejo serie Panzer Aces). Los chorretones en lugar de hacerlos con óleos, ahora los hago con acrílicos. Con oxido claro (301, Vallejo serie Panzer Aces) muy diluido (90%) aplico las líneas verticales. Al estar tan diluido apenas deja marca, por lo que habrá que dar varias capas superpuestas para que el chorretón coja color. Esto permite jugar con la intensidad, dándole más color justo en la base del chorretón. Finalmente, en los bajos del vehículo traté de representar barro con un par de pigmentos rusian earth (P034, MIG) y vietnam Earth (P031), siguiendo este tutorial.

24ago/111

Indios Pueblo s. XVI

Cuando Juan de Oñate, el “último conquistador”, en su misión de explorar y conquistar las regiones al norte de México alcanzó el actual estado de Nuevo México, se encontró con diversos pueblos oriundos, entre ellos, los indios Pueblo, congregación de varias etnias diferentes (como los totoanos, hopi y queresanos) con las mismas costumbres, pero  distinto lenguaje. Aunque al principio se mostraron pacíficos frente al desconocido hombre del viejo mundo, pronto se tornaron las intenciones de unos y otros. Entre los hechos de armas españoles –para beneplácito de unos  y desazón de otros– encontramos la Guerra de la Roca, donde los españoles logran conquistar la “inconquistable” ciudad de las nubes, hogar de varios miles de indios queres, en una acción de represalia. Cuando leí la historia de esta batalla me llegó la inspiración para pintar algunos aguerridos queres. Sin embargo, cuando fui a beber de la red, para mi asombro, no encontré nada sobre el warfare de los indios Pueblo. Por suerte, si que encontré un par de libros de donde podría obtener información, la cual plasmo aquí bajo mi propia interpretación y con mi propia pasta para rellenar las lagunas que se me han planteado (la mayor parte de la información procede de un libro que describe pinturas murales, donde los colores han perdido su tono original y donde sin los verdaderos autores, el significado no se alcanza completamente).

Como protección portaban escudos redondos u ovalados de 0,5-1m de diámetro, hechos de pieles normalmente de bisonte, búfalo o alce y pintados/decorados con diversos diseños en varios colores, habitualmente negro, blanco, rojo y amarillo. Se cree que los diseños que lucían los escudos eran indicadores de la cohesión social y poder  de cada pueblo. Comúnmente contenían elementos en relación al sol y otras deidades, quienes les otorgarían poderes mágicos y un efecto moral colateral, al servirles para confundir al enemigo haciéndole creer que el portador estaba asistido por una fuerza sobrenatural. En la batalla la vestimenta solía ser de gamuza o piel de búfalo, e incluía taparrabos, capas y mocasines o botas, e incluso podían portar armaduras de cestería. No obstante, solían ir desnudos, donde la pintura corporal cobra una gran importancia. En el caso de los pobladores de Acoma se pintaban líneas negras, rojas o blancas a lo largo del cuerpo, como por ejemplo, una raya negra a modo de antifaz sobre los ojos. En cuanto a la cabeza, podían cubrirla con un sombrero, en algunos casos puntiagudos, con uno o dos cuernos [de antílope] y plumas. A veces podía colocarse una cinta en la cabeza con la piel de una serpiente de cascabel.

Su arsenal ofensivo comprendía hachas de piedra, mazas o porras de media vara (43cm) coronadas con una piedra fijada por una correa, lanzas, látigos de yuca (una planta xerófila) y arcos con el carcaj de piel de puma o de león de las montañas. Las flechas tenían la punta de madera endurecida al fuego o contaban con puntas de pedernal. Según las representaciones, llevarían las porras y proyectiles en la mano derecha y el arco en la izquierda. Tenían dos tipos de arcos, el simple y el arco “D” (a partir del s. XIV), con una mayor curvatura y reforzado con tendones. También tenían dos tipos de mazas – ambas de dos cabezas –,  una con los extremos romos; y la otra, afilados. En algunos casos las representaciones muestran serpientes mágicas en las manos de los guerreros, cuyos fines combativos…son cuestionables.

En cuanto al simbolismo, el Sol (Padre Sol, dios de la guerra y la caza) está presente en la mayoría de escudos. En algunos casos se representa mediante un borde aserrado u ondulado en negro (estaban hechos con piel de bisonte) o bien con plumas de águila, guacamayo, pelos de caballo pintados de rojo o simplemente triángulos pintados en el borde exterior, representando así  los rayos del sol. También era común usar plumas de la cola de loros para dar tonos amarillos, simulando la luz del amanecer. En otros casos queda representado por un águila, las garras de un oso o incluso por una figura cornuda. En cualquier caso, el esquema más habitual era el de círculos concéntricos y la simple representación de un círculo. La representación del sol a veces está conjugada con una tela de araña (o lunetas), en referencia a la Mujer Araña o la Anciana Araña, otra deidad relacionada con la guerra, de carácter protector y consejera (como curiosidad, sus representaciones son semejantes a las encontradas en Teotihuacán, México). Otra representación más compleja de la Mujer araña consiste en varios triángulos fijados a una  línea que divide horizontalmente el escudo, representando los colmillos, y varios círculos en la parte superior, a modo de ojos. Por otro lado, para representar a los Gemelos de la Guerra (según el folclore puebla, hijos del Padre Sol, si bien también se menciona que fueron tejidos a partir de las nubes por la Mujer Araña), era habitual que pintasen la huella de la mano en rojo.

A partir del 1300 DC los diseños se hacen más complejos y variados, donde siguen predominando los círculos concéntricos, aunque dejan hueco a la estrella de cuatro puntas (representación de la Estrella Naciente), que aparece con más frecuencia. Podía ser tan sencilla como una simple cruz –raramente un asterisco– o de consistencia gruesa (semejante a la representación occidental de una estrella), en algunos casos con un círculo central, el cual a veces muestra un rostro pintado. Algunos diseños próximos a la estrella contienen elementos de águilas (mostrando unas garras), serpientes cascabeles (una cola partiendo del círculo central), serpientes cornudas o incluso unos talones. También cobran mayor importancia la representación de animales, especialmente aves como el guacamayo, la urraca, el búho, el águila o el arrendajo, pero también serpientes, osos, leones de las montañas, coyotes y lobos. Por otro lado, también optarían por diseños más reticulados, con rayas en diversas combinaciones – normalmente dividiendo el escudo horizontalmente – acompañadas de triángulos, círculos, lunares, cruces, arcos o figuras en zigzag en diversos colores, como el rojo y el amarillo.

Y ahora, pasemos al modelismo y los wargames. En el mercado del 15mm no existen figuras de indios Pueblo, por lo que tuve que conformarme con unos Iroquois de Khurasan Miniatures. El primer problema que se me planteó, y que abordé mal con los Méxicas, es el color de piel, más oscura que la gente de Europa. Al final opté por usar dos colores carne de Game Color: carne marrón (066) mezclada con marrón mate (984) a partes iguales como color base y a continuación toda una subida de luces, primero con la carne marrón pura y a después mezclándola con piel de enano (041) hasta alcanzar el color puro. En cuanto a las pintura corporal, la hice diluyendo un poco más de la cuenta la pintura, no tanto como una tinta, pero lo suficiente para que buscase los recobecos y así conseguir unas luces más realistas (las luces quedarían hechas al haber menor cantidad de pintura en las zonas más protuberatnes y más en los rincones). Sin duda, lo más vistoso de estás miniaturas son los escudos, así que tuve que buscar un poco de info y el resultado es lo que publico en esta entrada. He puesto algunos diseños (gracias a Nagash) basados en las pinturas que aún hoy en día se mantienen sobre las piedras, pero hay muchos más. Y como se ven en los diagramas, los colores básicamente son el blanco, el negro, el amarillo y el rojo.

Bibliografía:

Heath, I. (1999). Armies of the Sixteenth Century: Armies of the Aztecs, the Incas, other native peoples of the Americas and Spanish America, 1450-1608 . In: Capítulo 2, Mesoamerica c. 1450-1600. Foundry Books. 83-84pp.

Láinez, M. F. & Torres, C. C. (2009). Banderas lejanas: la exploración, conquista y defensa por España del territorio de los actuales Estados Unidos. In: Capitulo 3.1. Una aventura épica: el Camino Real de tierra dentro. EDAF.

Schaafsma, P. (2000). Warrior, Shield, and Star: imagery and Ideology of Pueblo Warfare. Western Edge Press.

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