Heresybrush, blog sobre modelismo para wargames y aerografía. Rubén Torregrosa
15Jul/122

Marcadores de lanzacohetes para Flames of War

By Rubén Torregrosa

En las partidas de Flames of War es bastante habitual encontrar artillería lanzadora de cohetes, como los nebelwerfer alemanes, los katiushas rusos o los Sherman calliope americanos. Y dado que cada vez que disparan estás armas debe ponerse un marcador de ”humo” para representar la descarga, en lugar de utilizar simplemente algodón, podemos emplear unos marcadores personalizados –y bastante realistas– utilizando varillas chenille o varillas limpiapipas.

Para fabricar estos marcadores necesitaremos varias cosas: peanas medias o grandes de Flames of War, masilla DAS o arcilla, palillos redondos, espuma de trama muy fina (la ideal es la que venden como arbustos para modelismo ya que viene apelmazada y es más fácil de trabajar) y lo más importante: varillas limpiapipas. Estas varillas se pueden encontrar en los estancos y son muy baratas (un pack de 25 por 4€). Aunque pueden ser de varios colores, las más habituales, y las que nos interesan, son de color blanco crudo. Interesan que sean blancas dado que el humo de los cohetes es blanquecino, y así nos ahorrará el trabajo de pintado.

Para empezar, prepararemos una base con masilla DAS PRONTO sobre la peana de FoW. Podemos usar una peana media o una peana de artillería, en función de cómo de grande queramos que sea nuestro marcador. Esta base de masilla, además de permitirnos anclar las varillas limpiapipas, nos servirá de contrapeso para evitar que la peana venza debido a la posición de las varillas inclinadas. El volumen de la base debería ser relativamente grande para conseguir dar cuerpo y forma al cúmulo de humo que se formaría al lanzar los cohetes. Cuanta más masilla usemos, menos espuma deberemos añadir después. No obstante, ojo, no hay que pasarse. Esta base NO debe verse en el resultado final. Una vez lista, y antes de que seque la masilla, clavaremos 5 ó 6 varillas limpiapias en dos líneas: la primera línea con las varillas en un ángulo de 45º; y la segunda, con las varillas en ángulo recto. Para favorecer su fijación empaparemos el extremo que vamos a clavar con cola blanca. No obstante, puesto que la masilla es tan blanda, seguramente las varillas no serán capaces de mantenerse derechas. Podemos utilizar algún soporte sobre el que apoyar las varillas inclinadas para que se mantengan y peguen en la posición deseada. Hasta que la masilla no se haya secado completamente, no podremos continuar. Es recomendable echarle un ojo mientras seca para corregir la posición de las varillas, en caso de que se haya alterado. Por otro lado, es interesante introducir un poco de entropía y poner cada varilla con una trayectoria distinta. A fin de cuentas, los cohetes utilizados durante la segunda guerra mundial tenían muy poca precisión.

Es probable que las varillas, aún pegadas, no se mantengan en la posición adecuada. No os preocupéis. Es normal, ya que las varillas son muy largas y tan solo hemos fijado un centímetro. Cuando añadamos la esponja, lo solucionaremos. Ahora empezaremos a darle cuerpo a la masa de humo de la base. Para ello usaremos los arbustos de esponja que venden para modelismo, ya que tiene un poro muy pequeño y suelen venir con una forma muy adecuada para nuestro propósito. Una alternativa, más económica, es utilizar la esponja de los blísteres triturada y pintada. No obstante, su aspecto será más tosco. En cualquier caso, empezaremos pegando fragmentos grandes en la base, hasta cubrir toda la masilla. El gran problema de trabajar con una esponja es precisamente su porosidad. Tan pronto como echemos cola blanca para pegarla, la esponja la absorberá. Y como nos interesa ese aspecto poroso, no podemos usar un tapaporos. Tendremos que armarnos de paciencia. Dado que tenemos que conseguir bastante cuerpo y volumen en la base de humo, es recomendable hacer varios “pisos” esperando que seque completamente la cola blanca entre cada uno, y así trabajar sobre seguro. Si intentamos hacerlo todo del tirón, nos encontraremos con un entrañable castillo de naipes que a la mínima empieza  a desmoronarse ante nuestros impotentes ojos y ante nuestros dedos pringados de cola blanca y restos de esponja. Lo mejor: ir poco a poco y sin prisa. Montamos una primera capa. Esperamos. Montamos una segunda capa. Y así sucesivamente, construyendo una “pirámide” y reduciendo progresivamente el volumen de humo. Podemos elevar el humo hasta una altura de 4-5 cm, pero es importante considerar ese aspecto piramidal. De lo contrario, tendremos una especie de caja de zapatos de la que salen las varillas, de un aspecto poco realista. Una vez terminada la última capa empezaremos a trabajar cada varilla de forma individual. La estela de un cohete es progresiva: el humo se va dispersando a medida que se aleja del cohete. Apoyándonos en la base general vamos a preparar otra base piramidal, esta vez mucho más pequeña, en cada varilla. Para ello iremos pegando trozos de esponja cada vez más pequeños y de forma errática.

Llegados a este punto ya tenemos prácticamente terminada la composición. Sin embargo, la esponja al haber absorbido la cola blanca se desprende con facilidad, además de apenas tener rigidez. Para solventar estas dificultades vamos a aplicar un lavado de cola blanca por toda la estructura, de forma bastante generosa e incluso varias veces. Simplemente mezclamos cola blanca con agua a partes y guales y vamos descargando el pincel sobre la esponja. Cuidado de no pasarse y llegar a encharcar, ya que entonces la cola blanca empezará a rezumar por los bordes de la peana y se nos pondrá todo perdido. Es mejor esperar a que seque y después añadir una nueva capa de cola diluida. Una vez esté todo perfectamente seco tendremos nuestro “humo” mucho más rígido, y lo más importante, con toda la espuma que hemos ido pegando a las varillas, ahora éstas estarán firmemente fijadas. Para terminar, cortamos los palillos redondos en fragmentos de un centímetro y torneamos uno de los extremos para que adquiera un aspecto romo. Estos serán nuestros cohetes, que con cianocrilato fijamos a los extremos superiores de las varillas.

Ahora ya solo falta la pintura. Además de conferirle el color que deseamos, con la pintura conseguimos aumentar aún más la rigidez del conjunto. La opción más cómoda y rápida es utilizar dos spray de pintura: gris y blanco. Primero aplicamos una generosa capa de gris, asegurándonos que TODA la espuma queda pintada (un cacho de humo verde puede echar a perder el realismo que buscamos). Para ello tendremos que dar muchas capas y variar constantemente el ángulo desde el que proyectamos la pintura. Una vez seco, pasamos a aplicar suaves capas con blanco. La idea es aprovechar el gris para conseguir profundidad, y para ello la pintura blanca la daremos con menor intensidad. Si contamos con un aerógrafo, podemos ir repasando detalladamente cada área con pintura blanca. Y si nos hemos excedido en alguna, también podemos resaltar el gris. Y ya por último, pintaremos los cohetes de negro.

 Estas mismas directrices pueden seguirse para crear otros elementos. Por ejemplo, podemos hacer marcadores para lanzallamas o incluso preparar la estela de un lanzacohetes de infantería, etc.

Comments (2) Trackbacks (1)
  1. Pues de genio, qué más se puede decir…
    Resultón como pocos…

  2. yes.. genius indeed…


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