Heresybrush, blog sobre modelismo para wargames y aerografía. Rubén Torregrosa
19Jan/122

El ejército Tlaxcalteca

By Rubén Torregrosa

Durante el siglo XVI, frente al poder expansionista de la triple alianza (Tenochtitlán, Tacuba y Texcoco) se oponía un grupo de pueblos del valle de Puebla-Tlaxcala (Tlaxcala, Atlixco, Cholula, Tliliuhquitepec y Huexotzingo). Aún sin ser conquistados, vivían en un asedio constante rodeados completamente por tierras tributarias a Tenochtitlán. Metafóricamente, habitaban una isla rodeada por un mar de macanas y dardos méxicas. Por ello iban alimentando paulatinamente, pero sin pausa, un intenso odio contra los asediantes, el cual encontró rápidamente una vía de escape con la llegada de Cortés, con quién no dudan en aliarse.

El estado o pueblo más importante era el de Tlaxcala (“pan cocido”), formado por una liga de 28 ciudades gobernadas desde cuatro capitales (Ocotelolco, Quiahuiztlan, Tepeticpac y Tizatlan), o barrios según Gómara, cada una dirigida por un tlatoani, pero la más importante era la primera, gobernada por Maxixcatzin. La existencia de esta “isla enemiga” en el interior del imperio mexica tiene lógica dentro de la cosmovisión mexicana. Para que los engranajes de su religión y sociedad abierta funcionaran, y los plebeyos pudieran ascender en la jerarquía social, se requería la sangre de enemigos capturados. Y el cada vez más grande imperio tenochteca tenía que desplazarse a mayores distancias para encontrar tierras enemigas donde obtener prisioneros, lo cual además no aseguraba una victoria, ya que por ejemplo los tarascos derrotaron repetidas veces a los mexicas (probablemente más debido a su número y capacidad combativa, que a sus legendarias armas de cobre). Por ello, tener este “criadero” dentro de su imperio les aseguraba una vía sencilla para obtener sus ansiados prisioneros en las llamadas guerras floridas.

A pesar de ser férreos enemigos de los dueños del valle de México compartían una cultura prácticamente idéntica, incluida la organización militar. Aún privados de muchos recursos debido al bloqueo comercial (por ejemplo, carecían de algodón), contaban con un poderoso ejército rival de las hordas mexicanas. En la segunda década del siglo XVI, cuando Moctezuma II decide conquistar de una vez por todas Tlaxcala, sufre un tremendo descalabro al perder su ejército a manos de los acérrimos tlaxcaltecas. La llegada de los españoles impide que los mexicas continúen su guerra de conquista y pasan a desarrollar otro tipo de guerra que les era bastante desconocida, una guerra defensiva. Y este cambio de roles supuso otra permuta, ahora los tlaxcaltecas iniciaban su ansiada y esperada ofensiva. El intenso odio acumulado por los tlaxcaltecas podría explicar las matanzas tan criticadas a los españoles en Cholula y el Templo Mayor durante la fiesta de Toxcatl, quienes habrían incitado a los españoles a desencadenar tales masacres con algunas mentiras. No obstante, siendo justos, aquellos españoles de origen humilde y deseosos de hacerse un nombre a base de oro, tampoco habrían necesitado un empujón demasiado fuerte. Francisco López de Gómara, tras su encuentro contra Cortés en 1519, los describe así:

Era gente muy luzida, y bien armada, fegun ellos vfan. Aun que venían pintados cobixa y xagua, que miradolos al gefto parecían demonios. Trayan grandes penachos, y capeauan a marauilla. Trayan hondas, varas, lanças, efpadas, que aca llaman bifarmas, arcos y flechas fin yeruas. Trayan afsi mifmo cafcos, braçaletes, y greuas de madera, mas doradas, o cubiertas de pluma o cuero. Las coraças eran de algodón. Las rodelas y broqueles muy galanos, y no mal fuertes. Ca eran de rezio palo, y cuero, y con laton y pluma. Las efpadas de palo, y pedernal engaftado en el, que cortan bien, y hacen mala herida. El campo eftaua repartido por fus efquadrones, con cada muchas bozinas, caracoles, y atabales, que cierto era bien de mirar. Y nunca Efpañoles vieron junto mejor ni mayor exercito en Indias, defpues q las defcubrieron (Gómara, 1554. pp 75-76).

La jefatura del ejército recaía sobre un destacado capitán bajo las órdenes de uno de los cuatro dirigentes de las capitales tlaxcaltecas, además de otros tantos capitanes menores. En cualquier caso, existía cierta libertad de acción en las demás ciudades y esto explica por qué en el primer contacto con los españoles se presentó un ejército Otomi de la ciudad de Tecoac sin conocimiento de los máximos dirigentes. Por otro lado, el comandante en jefe era al mismo tiempo el portador del pendón y se situaba en la retaguardia del ejército. Cuando acaba la batalla clavaba el pendón en un lugar visible y aquel que no mostrase respeto era castigado. Además, existía cierta ceremonia a la hora de combatir:

Tienen dos faetas, como reliquias de los primeros fundadores, que lleuan a la guerra dos principales capitanes, valientes foldados. En las quales aqueran la vitoria, o la perdida. Ca tiran vna dellas a los enemigos q primero topan. Si mata, o fiere, es feñal que vencerán, y fino que perderan. Afsilo dezian ellos, y por ninguna manera dexan de cobrarla (Gómara, 1554. pp 87-88).

Según Bernal Díaz del Castillo existía cierta uniformidad, encontrando incluso unidades exclusivas de lanceros o arqueros, con distintivos particulares según la partida de guerra. Por ejemplo en la batalla de Tehuacingo (1519) el rojo y blanco eran los colores dominantes. Es más, cada compañía, jefe e incluso región podría contar con su propia librea:

(…) y cada capitania con su divisa y librea, porque cada Cagique ansi las tenían diferenciadas como En nra castilla tienen los duques e condes (…) (Diaz del Castillo, 2010).

El uniforme normalmente estaba hecho de fibra de maguey (henequen) con un relleno vegetal confiriéndole un aspecto acolchado y en menor medida de algodón conseguido por estraperlo (no había algodón en sus tierras y los mexicas les tenían impuesto un bloqueo comercial). Podía ser de medio cuerpo y propio de las clases bajas, llamado ichcahuipilli, o de cuerpo entero y propio de nobles y veteranos, llamado tlahuiztli. Normalmente estaban ricamente pintados y decorados. Los capitanes también podían llevar una falda o capa llamada ehuatl con bandas, flecos y plumas de distintos colores. Como era común en todas las culturas mesoamericanas, solían decorarse la cabeza con plumas de diversas aves y colores. Lo más normal era una banda bicolor entrelazada roja y blanca con tres plumas blancas, a veces acompañadas de pequeñas hileras de plumas de garza. Gracias a esta banda bicolor los españoles eran capaces diferenciar a sus aliados tlaxcaltecas de sus enemigos tenochtecas. Unas plumas más grandes indicaban que el portador era un noble, mientras que el cacique estaría coronado por plumas de quetzal, las más valoradas. Los plebeyos normalmente iban descalzos, pero los nobles usaban unas sandalias o cactli de cuero fijadas por correas que a veces cubrían hasta la rodilla a modo de espinilleras.

Los nobles o veteranos solían llevar el pelo largo o incluso al estilo temilotl (una especie de moño justo en la parte superior de la cabeza). Además es probable que al igual que los mexica se organizaran en unidades de elite de carácter zoomórfico, ya que los lienzos y códices que nos han llegado revelan a guerreros con cascos de madera o cuatepoztli con la forma de la cabeza de un águila, león o jaguar. Quizás menos importantes habría representados otros animales, como el caimán, ciervo, garza, puma, pato, etc. Destacan especialmente los guerreros coyote o toxcoyotl (“cara coyote”). Normalmente su uniforme o tlahuiztli era de color amarillo, aunque el Códice Matritense revela bastante variedad de colores, probablemente siendo indicativo de estatus social: tlapalcoyotl (“coyote rojo”), tlecoyotl (“coyote de fuego”, con el tlahuiztli decorado con plumas rojas de guacamayo a modo de llamas), citlalcoyotl (“coyote tachonado de estrellas”, de plumas negras con algunas blancas dispersas), tlilticoyotl (“coyote negro”, de plumas negras de pavo), itzacoyotl (“coyote blanco”), tozcoyotl (“coyote de plumas amarillas de loro”) y xiuhcoyotl (“coyote azul”).

En cuanto al armamento, era exactamente el mismo que el méxica. Pero una diferencia bastante importante era un mayor uso del arco, especialmente por los guerreros Otomi.  De hecho, Sahagún en sus crónicas menciona que los arqueros tlaxcaltecas al servicio de Cortés eran Otomi. Los escudos o chimalli serían idénticos a los de sus archienemigos méxicas, hechos de fibras de maguey sobre una base de cañas y normalmente con una falda de cuero o tela y decorados con plumas. Además, compartían la misma simbología o heráldica, donde de nuevo el emblema más habitual era la serpiente emplumada. A razón de esto, al comienzo de artículo he recogido nuevos escudos que no publiqué en entradas anteriores. Entre ellos se puede observar una variante del macpallochimalli ("escudo de mano"), poztequichimalli ("escudo hendido", a dos colores) o el tozmiquitzyochimalli ("escudo de la cabeza de muerte de plumas amarillas de loro"). Para más información sobre el ejército méxica o azteca podéis echar un vistazo a estos dos artículos: El ejército mexica I y El ejército méxica II.

Bibliografía

CÓDICE MATRITENSIS O DE BERNANDIDO DE SAHAGUN: enlace
DIAZ DEL CASTILLO, B (2010). Historia Verdadera de la Conquista de la Nueva España. Tomo I. Cambridge University Press.
GÓMARA, F. L. (1554). Historia de Mexico: con el descvbrimiento dela Nueua España, conquistada por el muy illustre y valeroso principe don Fernando Cortes, marques del Valle, Efcrita por Francifco Lopez de Gomara, clerigo. In: Capitulo: Que fe juntaron ciento y quarenta mil hombres contra Cortes. En cafa de Iuan Steelfio. pp 75-76.
HEATH, I. (1999). Armies of the Sixteenth Century: Armies of the Aztecs, the Incas, other native peoples of the Americas and Spanish America, 1450-1608. In: Capítulo 2, Mesoamerica c. 1450-1600. Foundry Books. pp 52-55.
OBREGÓN, M. A. O. (2011). La Guerra florida en el mundo azteca-mexica. In: Desperta Ferro, Historia militar y política de la antigüedad y el medievo nº 9. Desperta Ferro ediciones. pp 36-38

Comments (2) Trackbacks (2)
  1. Buenas Ruben.

    Felicitarte por este artículo, tanto por el texto como por la explicación de los colores utilizados y las fotografías que has puesto. Si no te importa que te le diga, cuando miro tus figuras es como si Wargames y toda su época dorada siguiera viva.

    Lo dicho. Un gran trabajo. ANIMO Y SIGUE ADELANTE.

    Antonio (Jaén)

  2. Gracias por tus palabras!


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